Nueva revolución en la comunicación telefónica: científicos de la Universidad de Washington (UW) crearon el primer teléfono móvil sin batería, el cual recolecta los pocos microvatios de potencia que necesita de señales de radio o de la luz del medio ambiente. Los investigadores hicieron llamadas de Skype usando su celular, destaca el trabajo publicado en Proceedings of the Association for Computing Machinery on Interactive, Mobile, Wearable and Ubiquitous Technologies. El prototipo hecho de componentes comerciales disponibles puede recibir y transmitir voz y comunicarse con una estación base. Hemos construido lo que creemos que es el primer teléfono móvil que consume casi cero energías, precisó Shyam Gollakota, uno de los creadores del aparato. Para lograr el extremadamente bajo consumo que necesita para funcionar un teléfono mediante la recolección de energía del medio ambiente, tuvimos que repensar la forma en que estos dispositivos están diseñados, explicó Gollakota. Con este procedimiento, el equipo de UW eliminó un paso de elevada necesidad energética en la mayoría de las transmisiones celulares modernas, el de convertir señales analógicas que transmiten el sonido a datos digitales que un teléfono puede entender. Ese proceso consume tanto que ha sido imposible diseñar un teléfono capaz de confiar en fuentes de energía ambiental, subraya el medio especializado. El teléfono sin batería todavía requiere una pequeña cantidad de energía para realizar algunas operaciones. El prototipo tiene un presupuesto de potencia de 3,5 microvatios. En tal sentido, los expertos de UW demostraron cómo recolectar esta pequeña cantidad de energía de dos fuentes diferentes. Es decir, en un caso el prototipo puede funcionar con la energía de señales de radio ambientales transmitidas por una estación base hasta 10 metros de distancia. Por otra parte, usando la energía recolectada de la luz ambiental con una diminuta célula solar, aproximadamente del tamaño de un grano de arroz, el dispositivo pudo comunicarse con una estación base ubicada a más de 15 metros de distancia. (Fuente/la información)
Súper plátanos con vitamina A, potasio, hierro y más
Investigadores de la Universidad Tecnológica de Queensland en Australia lograron cultivar por primera vez plátanos modificados genéticamente, que evitarán la muerte a más de 700.000 personas en el mundo por deficiencia de vitamina A. James Dale, uno de los principales responsables del estudio, explicó a la cadena ABC que tras más de una década de desarrollo, gracias al apoyo económico de la Fundación Bill y Melinda Gates, esos científicos lograron “casi cuadruplicar” la dosis de vitamina A y aumentar la de hierro en unas bananas que poseen un color más anaranjado. Los habitantes de algunos países de África —en especial, los menores de edad— son quienes más padecen esta carencia, que puede provocar ceguera, deteriorar el sistema inmune y frenar el desarrollo cerebral. En particular, Uganda ha apostado fuerte por esta iniciativa y en su territorio ya han crecido las primeras cosechas de esta fruta innovadora. Dale detalla que en ese país la palabra ‘matoke’ se emplea para designar la comida, pero en realidad significa ‘banana’. Antes de expandir esta práctica, estos especialistas crearon varias cepas en Queensland con la intención de que estos ‘súperplatanos dorados’ combatan esos problemas alimenticios, especialmente en las regiones rurales de los países africanos en desarrollo, donde las bananas son el principal producto de consumo. En un principio, a los científicos les preocupaba que los niveles de vitamina A disminuyeran de una cosecha a otra, pero James Dale confirma que mantuvieron e, incluso, aumentaron “durante cinco generaciones”. De todos modos, el cultivo extensivo de estas bananas tendrá que esperar seis años, dado que antes necesita superar diferentes pruebas. En cualquier caso, los responsables del proyecto confían en que se puedan observar los primeros beneficios en la salud de la población a partir de 2025. (Fuente/RT)
Mamey de Jagüey Grande por encima del nivel…
Un mamey colorado de nueve libras y media de peso, cosechado por el campesino Andrés Álvarez en su finca perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicio Israel León del municipio Jagüey Grande 180 kilómetros al sudeste de La Habana-, en la provincia de Matanzas, está sin dudas por encima del nivel que suele alcanzar esa fruta de gran demanda y poca presencia en el mercado, reseña el sitio web de Radio Reloj. Andrés Álvarez cuenta como patrimonio agrícola de una caballería, donde se aprovechan hasta los linderos para sembrar frutas que otrora se convirtieron en exóticas en los campos de esa región del sur de Matanzas, como la lima, guanábana, anón y la mandarina. Con 8 hectáreas bajo riego, la finca está sembrada con varios tipos de frutales, con las mayores extensiones de mango, aguacate, café, coco y mamey colorado, estos últimos con frutos que superan en tamaño a la media nacional para ese cultivo. Este “guajiro” de Jagüey Grande dijo que el secreto de sus resultados está en la entrega diaria a la tierra, la aplicación de métodos basados en la agroecología, riego en el momento oportuno y la sabiduría acumulada, propia del hombre del campo.
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