La picazón y el deseo de rascarnos
No se trata del título de un filme rosa, sino de una pregunta que muchas personas de formulan sin tener una respuesta concreta, como parece que tampoco la tienen los expertos, a pesar del reciente anuncio de que es la actividad de un pequeño subconjunto de neuronas, ubicadas en una región cerebral profunda llamada sustancia gris periacueductal, la causante del deseo incontrolable de rascarnos cuando sentimos picor. El resultado del estudio realizado con ratones proporciona el punto de partida para descifrar aún más cómo se procesa y modula la picazón en el cerebro, lo cual podría ayudar en la identificación de nuevas terapias, dijo el autor, Yan-Gang Sun, quien admitió no existe tratamiento eficaz para la picazón crónica por el limitado conocimiento que prevalece sobre las causas del fenómeno que pueden ser diversas, desde reacciones alérgicas, afecciones de la piel, sustancias químicas irritantes, parásitos, enfermedades, embarazos y tratamientos para el cáncer. Pero no es un asunto sencillo, porque el ciclo de rascarse la picazón puede afectar significativamente a la calidad de vida y provocar daños graves en la piel y los tejidos.
Sentir miedo amplía el campo visual
Es un hecho: cuando usted experimenta la sensación de miedo sus ojos se abren más de lo normal, lo que implica ampliar su campo visual y la sensibilidad ocular, debido a que se activa el mecanismo de defensa. Así lo aseguran investigadores de la Universidad estadounidense de Cornell. Estos precisan que cuando nos enfadamos los ojos bloquean la luz para enfocar el punto que determina el origen del descontento. Ambas reacciones han surgido de la adaptación a los estímulos de nuestro entorno.
ECOVALOR, proyecto para elevar beneficios medioambientales en Cuba
Encaminado a generar beneficios medioambientales en Cuba, comenzó la implementación del proyecto Ecovalor, financiado por el Fondo Global para el Medio Ambiente Mundial, el cual engloba a cinco provincias cubanas: Matanzas, Las Tunas, Holguín, Pinar del Río y Villa Clara, cuyos representantes debatieron en un encuentro las acciones a desarrollar desde ahora y hasta diciembre de 2024, destacan agencias de prensa. Durante el encuentro se recalcó en la importancia de realizar en esos territorios los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo. La ocasión fue propicia para reflexionar sobre la Tarea Vida, el Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático en Cuba, que incluye cinco acciones estratégicas y once tareas dirigidas a neutralizar las afectaciones en las zonas vulnerables.
Las sillas y los riesgos del sedentarismo
Cuando sentimos cansancio nos sentamos en una silla, cualquiera sea su diseño industrial. Pero sucede demasiado a menudo que permanecer sentado durante un tiempo prolongado es la posición corporal que deben adoptar numerosas personas en el desempeño de sus labores cotidianas, como oficinistas, informáticos, manicuristas, estudiantes…, cuyos hábitos pueden derivar hacia el sedentarismo peligroso para la salud del sujeto en opinión de expertos. Según una investigación de la ONG British Heart Foundation (Fundación Británica del Corazón), pasamos 9,5 horas del día en actividades sedentarias. Al respecto, los especialistas hacen notar que los humanos estamos inactivos el 75% del tiempo. Nuestros huesos y músculos responden al uso o a la falta de uso. Con el uso, los huesos se vuelven más densos. Si los usamos menos se tornan más frágiles. Lo mismo ocurre con los músculos: su uso determina que sean más fuertes o débiles. De manera que permanecer mucho tiempo sentados, con la mayor parte de la musculatura de nuestra espalda inactiva por la forma en que nos recostamos sobre la silla, hace que nuestra columna se vuelva más débil, y consecuentemente el dolor de espalda es la principal causa de discapacidad en el mundo y de desordenes metabólicos como la diabetes tipo 2, afecciones cardíacas o distintos tipos de cáncer, todos ellos asociados en muchos casos con la inactividad. Un estudio del año 2012 investigó los efectos de la inactividad en 7.813 mujeres y descubrió que las que pasaban sentadas 10 horas al día tenían telómeros más cortos (indicativo del envejecimiento celular). Sus hábitos sedentarios las habían hecho envejecer biológicamente cerca de 8 años, de acuerdo con un artículo publicado en el sitio digital BBC Mundo. (Con informaciones de sitios especializados en Internet, agencias de noticias y archivos del autor)
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