Martes , 19 noviembre 2019
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COSAS SOBRE COSAS

thimonniers_first_sewing_machineBasthélemy  Thimonnier, ¿santo de las costureras?

Cuando al francés  Basthélemy  Thimonnier (1793-1857) se le ocurrió perfeccionar la máquina de coser que imitaba la costura a mano, creyó que su innovación revolucionaría de inmediato la industria y las costureras lo elevarían al altar de los agradecidos. Pero la vida le depararía sorpresas… En 1830 firmó un contrato con Auguste Ferrand, un ingeniero de minas, que hizo los dibujos necesarios y presentó una solicitud de patente, la cual fue emitida en 1830 a nombre de Thimonnier y Ferrand.

Thimonnier, el mayor de siete hermanos, se hizo sastre y se casó con una bordadora en 1823, por lo que su vida marital transitaba en medio de agujas, telas e hilos.

En realidad la máquina de coser había sido inventada  en 1790 de acuerdo con una patente a nombre de Thomas Saint…  La iniciativa de Thimonnier contó con aceptación oficial, y el  gobierno francés lo apoyó. Surgió así  la primera empresa  de fabricación de prendas de vestir a base de máquina de coser en el mundo.

Se suponía que era para crear uniformes del ejército, pero referencias históricas subrayan que  la fábrica fue incendiada por los trabajadores que temían perder el trabajo después de la expedición de la patente. Un modelo de la máquina se exhibe en el Museo de Ciencias de Londres. La máquina está hecha de madera y utiliza una aguja de púas que pasa debajo y a través de la tela para agarrar el hilo y tira hacia arriba para formar un bucle para ser bloqueado por el siguiente bucle.

Thimonnier  se animó a desempeñarse como un sastre de nuevo, mientras buscaba  mejoras en su máquina. Obtuvo nuevas patentes en 1841, 1845 y 1847 para nuevos modelos de máquina de coser. Sin embargo, a pesar de tener los premios ganados en exposiciones internacionales, y siendo elogiado por la prensa, el uso de la máquina no se extendió. La situación financiera de Thimonnier siguió siendo difícil, y murió en la pobreza a la edad de 63 años. La empresa de máquinas de coser Thimonnier, fundada después de su muerte, existió hasta el siglo xx.

Aunque el innovador francés no ha sido reconocido oficialmente como santo del oficio por las costureras y sastres del mundo, no caben dudas de que su ingenio contribuyó a aliviar las labores, elevó la productividad y abrió sendas a otras mejoras hasta llegar a las máquinas cosedoras y bordadoras computadorizadas actuales.

Trajes acondicionados

La novedosa microtecnología ha permitido elaborar trajes capaces de proteger a  los humanos de un ataque químico o bacteriológico, pero el calor extremo que se siente dentro de ellos es una amenaza igualmente peligrosa. Esto ha estimulado a  inventores para diseñar un prototipo de vestimenta que, además de las ventajas antes referidas, permita mantener el cuerpo  refrigerado con algo así como  aire acondicionado portátil. Los primeros beneficiados serían los soldados, aunque nadie se ha pronunciado sobre  los riesgos que  tal impedimenta acarrearía para combatir.

Jutías en Cuba

Según el registro nacional, en  el archipiélago cubano habitan 13 especies de jutía, algunas de ellas solo en cayos específicos, lo que las hace peligrar. La nombrada jutía cabrera solo se halla en Cayo Ana María, la conocida como jutía garrido en Cayo Majá, y la jutía rata en Cayo Fragoso, mientras que la San Felipe habita el cayo Juan García. La más pequeña de su especie es la jutía enana, que solo vive en Cuba. Los capromíidos (Capromyidae) son una familia de roedores conocidos vulgarmente como jutías que habitan el Caribe. Son parecidos a los Cavia. Se conocen 20 especies y la mitad están en riesgo de extinción. Las especies más grandes alcanzan varios kilogramos de peso. Tienen cola, desde vestigial a prensil. Tienen el cuerpo robusto y cabezas grandes. Muchas  son herbívoras, aunque algunas comen pequeños animales. En vez de cavar cuevas, hacen nidos en los árboles o en cavidades rocosas. Son cazados para carne en Cuba.

Hipatia, entre las grandes matemáticas de la historia

Desde Tales de Mileto, quien vivió entre los años 640 y 535 antes de nuestra era, hasta el genial Albert Einstein, quien deambuló por nuestro planeta desde 1879 hasta 1955, los registros más divulgados de 35 grandes matemáticos en ese prolongado lapso solo recogen el nombre de una mujer, la griega Hipatia, que respiró desde el año 370 hasta el 415. De ella se afirma que fue bellísima y murió asesinada a los 45 años de edad.  Tales de Mileto fue el más longevo, pues alcanzó a ver el sol durante 105 años. La edad promedio de los genios a que aludimos fue de 64 años, y el que falleció más joven fue Evaristo Galeis, residente de la Tierra entre 1811 y 1832, por lo que solo vivió 21 años hasta perder la vida en un estúpido duelo. Galeis dejó la demostración del teorema que lleva su nombre y  versa sobre resolución de ecuaciones de primer grado.

Y en el cierre queden con Marco Vipsanio Agripa, general romano quien respiró desde el año 63 hasta el 12 antes de nuestra era, a quien se le atribuye esta afirmación: La concordia aumenta las fortunas pequeñas, la discordia arruina las más grandes.

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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