Martes , 3 diciembre 2019
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COSAS SOBRE COSAS

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Madurez o la sabiduría de arreglar las cosas…

¿Se considera usted un ser humano maduro? Antes de responder debe saber lo que estiman expertos: madurez representa la habilidad de controlar la cólera y arreglar las controversias sin violencia, y de tomar decisiones y mantenerlas. Por ello,  Madurez es la sabiduría de conocer la diferencia entre lo que no podemos cambiar y aquello que admite mejorías. Hablamos de madurez emocional  cuando el individuo es capaz de aceptar la realidad de las personas y las cosas. Por lo tanto, la madurez psicológica  es la edad o el momento  en el cual una persona adquiere buen juicio y prudencia, lo que implica: autonomía, conductas apropiadas a las circunstancias, ponderación y equilibrio, estabilidad, responsabilidad, cercanía afectiva, claridad en objetivos y propósitos, dominio de sí mismo. Consecuentemente,  Madurez es, sobre todo, tener el coraje de obrar en consecuencia… Ahora  puede contestar a la pregunta inicial.

La maravillosa cáscara de huevo

Sin dudas se trata de una maravilla de la naturaleza, esa cáscara de huevo, cuya estructura material suele variar según las especies. Se puede decir que es una matriz de proteína alineada con cristales minerales, por regla general calcio en compuestos químicos como el carbonato cálcico. Muchas personas ignoran que en realidad el calcio de los huevos, y por ende el envase natural de estos,  procede de una sedimentación de lo que ingieren las aves, pues estas no poseen  células capaces de  generar el calcio de la cáscara. Los huevos con cáscara más dura están más mineralizados que los de cáscara más débil o frágil. SI usted  cultiva plantas en macetas, sepa que  cáscaras de huevo trituradas en forma de polvillo devienen abono  excelente. A propósito, también  el agua donde se han cocido verduras es muy nutritiva para esas joyas vegetales.

 

El cerebro que trabaja mientras dormimos…

El poder del sueño es capaz de que el cerebro continúe trabajando mientras la persona está en reposo físico. Según expertos neurólogos, el subconsciente continúa analizando ttemas que nuestro consciente no ha logrado resolver, lo que en ocasiones permite  solucionar un problema o resolver una incógnita que durante la vigilia resultó imposible. Quienes han estudiado el asunto a fondo afirman que la Tabla Periódica fue, literalmente, el sueño de la vida de Dimitri Mendeléyev (1834-1907), químico ruso obsesionado con la idea de ordenar los elementos basados en sus propiedades químicas. La solución le llegó una tarde de febrero, en 1869, cuando trabajaba  en su proyecto y se quedó dormido en su escritorio, exhausto.”Vi en un sueño una tabla en la que todos los elementos encajaban en su lugar. Al despertar, inmediatamente anoté todo en una hoja de papel”, reveló el químico en su diario. Su creación fue la primera tabla periódica ampliamente reconocida. Dispone los elementos químicos según su número atómico (o número de protones), y los agrupa de tal forma que los elementos con comportamientos similares comparten la misma columna. La tabla de Mendeléyev incluso tenía espacios vacíos para los elementos que, según el pronóstico del químico, serían descubiertos en el futuro. La mayoría de sus predicciones resultaron correctas. Los elementos en la lista de Mendeléyev eran 60. Desde entonces su tabla ha sido ampliada y modificada y hoy incluye a 118 elementos (cuatro de ellos introducidos en 2016).

Un Premio Nobel a través de un sueño revelador

En 1936, el fisiólogo alemán Otto Loewi (1873-1961) recibió el Premio Nobel de Medicina por sus contribuciones al conocimiento de la transmisión química de los impulsos nerviosos. El que ha sido reconocido como “padre de la neurociencia” encontró lo que buscaba  en 1920.  El médico contó que se despertó en medio de la noche y anotó lo que había soñado. El experimento de Loewi consistió en unir dos corazones mediante una cánula. Luego estimuló con pulsos eléctricos uno de los corazones para observar el efecto en el otro. Fue así que el fisiólogo descubrió que las células nerviosas liberan sustancias químicas (neurotransmisores) en los sitios en los que se unen con otras neuronas o músculos, lo que revolucionó la neurociencia. También los campos de la paleontología y la zoología se vieron beneficiados por la magia reveladora del mundo onírico. El suizo Louis Agassiz (1807-1873) era considerado la mayor eminencia del mundo en el estudio de los peces, tanto vivos como extintos. Un día, en 1840, mientras compilaba su voluminosa obra “Poissons Fossiles” -un listado de todos los peces fosilizados que fueron hallados- Agassiz encontró un espécimen en el interior de una piedra. Trató en vano de entender la estructura del pez pero no tuvo éxito y no se animó a extraer al animal de la piedra, sin entender bien su forma, por temor a destruirlo. Después de dos semanas de analizarlo infructuosamente, un sueño recurrente le permitió conocer  la forma exacta del pez fosilizado.

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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