A diario millones de personas se contemplan ante el espejo y no conformes con lo que ven se deprimen e intentan curas milagrosas para perder rollitos en las extremidades, volumen en el abdomen, celulitis en los muslos, afanes que les cuestan mucho dinero y baja autoestima.
Quienes siempre experimentan sensación de hambre deben comprender que buena parte de la solución a sus problemas es la fuerza de voluntad personal para dejar de tragar sin control.
Enfermarse menos y vivir más y mejor debe ser objetivo de la alimentación diaria, sin hacer demasiadas concesiones a las papilas gustativas; en fin de cuentas el humano, afirman expertos, esta diseñado para existir unos 140 años.
Aunque científicos han anunciado la existencia de un gen que predispone a la gula, y es cierto que algunos padecimientos orgánicos pueden elevar el apetito, tales argumentos, lejos de servir para justificar a los comilones, solo valen para consultar a facultativos encargados de discernir entre causas y caprichos.
Pero no se trata de dejar de comer, como afamados nutricionistas insisten. La clave principal para mantener un peso estable y gozar de salud adecuada radica en alimentarse con moderación y adecuadamente.
Conceptos como “sabroso”, “bien condimentado”,”atrayente a la vista”, “rápido y abundante”, solo sirven a interesados comerciantes en afanes de vender comida chatarra, que se ofrece en doradas imágenes de revueltos carbohidratos y otros componentes, carentes de verdadero valor nutricional.
Frutas, hortalizas y verduras vivas, de alto contenido natural de agua destilada, ricas en vitaminas, minerales y enzimas; frijoles y otras semillas frescas o secas, abundantes en proteínas y otros nutrientes esenciales, desprovistas de contaminantes que el cuerpo no asimila ni expulsa, son recomendadas por expertos.
De tales alimentos se puede comer cualquier cantidad que se apetezca, pues ellos son precisamente los apropiados para el sistema digestivo del hombre y la mujer, incluidos sus dientes.
Los vegetales vivos contienen elevadas cantidades enzimas y de la mejor agua, la que no arrastra sales inorgánicas que al no ser asimiladas ni desechadas se acumulan en e organismo junto con el colesterol malo y obstruyen arterias.
Otra de las recomendaciones al margen de propaganda comercial es no beber gaseosas ni agua con las comidas, pues esa mala costumbre sólo contribuye a debilitar los jugos gástricos y entorpecer la digestión, ocasionando mayor gasto energético.
Está demostrado que el proceso mismo de digerir los alimentos y asimilar nutrientes consume más energía que ejercicios tales como nadar, correr o montar bicicleta, de ahí que después de las comidas el organismo experimenta la sensación de sueño que induce al reposo.
Recordemos al sabio Hipócrates, padre de la medicina, cuando hace 400 años alertó: “En tu alimentación está tu curación”.
Es una máxima de plena vigencia que recuerdan gerontólogos, nutricionistas, fisiólogos y otros especialistas serios, para quienes vivir los 140 años de nuestro diseño humano no es utopía, sino alcanzable propósito optimista.(TVY)(12/03/18)
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