Es un hecho por ahora irreversible: Sigue creciendo el envejecimiento poblacional a ritmo constante y superior proporción al resto de la población, porque afortunadamente se retarda la edad del fallecimiento, al tiempo de que nacen menos niños y niñas.
El gobierno cubano ha implementado algunas medidas en provincias, municipios y a escala nacional para enfrentar este fenómeno, como son el programa en ejecución para la reparación y mantenimiento constructivo de Casas de Abuelos y Hogares de Ancianos, y su dotación con muebles y equipos necesarios para la atención de los ancianos.
Recordemos: Una de cada cinco personas rebasó los 60 años de edad, cada vez son más las que superan los 70 y, como diría el inefable colega Candito, incluso se convierten en “extra plan” con más de 79 años, sobre la media nacional.
“Es una felicidad…”, apunta mi vecina Cuca, y agrega, “siempre que los años estén acompañados de adecuada calidad de vida”.
La calidad de vida puede ser buena o mala. Suele estar preñada de subjetividades, e implica factores como alimentación, salud y vivienda.
Muchos años de edad conllevan también más achaques y padecimientos crónicos que exigen extremar los cuidados de los ancianos por parte de ellos mismos y de sus familiares, y que las administraciones locales tomen acción práctica sobre factores importantes.
Entre esas necesidades destacan atenuar o suprimir la contaminación sonora en barriadas, y la eliminación de barreras artificiales, que se interponen en el deambular de esas personas mayores.
Recordemos que muchos de esos ancianos necesitan salir frecuentemente de sus hogares para resolver sus propios asuntos personales, y tropiezan con obstáculos múltiples en aceras y otras vías de tránsito, peligrosos y en ocasiones insalvables.
Son hechos circunstanciales, como tramos de aceras tomadas por imprudentes vecinos e instituciones para cumular desechos y materiales de construcción, o edificar improvisadas escaleras; los huecos que proliferan en esas vías peatonales; los salideros de aguas de todo tipo que convierten las vías en pistas de patinaje involuntario, y los invasores decibeles generados en horarios nocturnos por música estridente.
He citado solo algunos de los factores que requieren de supervisiones in situ por parte de inspectores que pongan orden, y de los ejecutivos que administran recursos materiales e imparten directivas, de manera que se beneficie de ese casi 20 por ciento de personas de la tercera edad que particularmente sufre las consecuencias de negligencias e indisciplinas demasiado toleradas, en Matanzas y en todo el país. (TVY)(24/11/16)
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