
Personajes cuyas decisiones políticas determinan conductas oficiales en la preservación o no de los recursos naturales y la biodiversidad, como el rubio despeinado Donald Trump, ocupante del trono estadounidense, son considerados malévolos arquetipos, en relación con las condiciones medioambientales de vida en la Tierra y el soberano desconocimiento del cambio climático, el cual ha negado y sigue haciéndolo, al igual que en el Medioevo los tiranuelos de turno cerraban los ojos ante los descubrimientos de los hombres de ciencia.
Expertos coinciden en afirmar que la política anticientífica difundida desde centros de poder en detrimento de la verdad, y para promover teorías irracionales, es tan peligrosa como la agresión que sufren las condiciones medioambientales de vida en la Tierra.
El Día Mundial del Medio Ambiente fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución del 15 de diciembre de 1972, con la que se dio inicio a la Conferencia de Estocolmo, Suecia, cuyo tema central fue el Ambiente. Se celebra el 5 de junio de cada año desde 1973.
Mediante esta conmemoración, la Organización de Naciones Unidas (ONU) intenta sensibilizar a la población mundial en relación a temas ambientales, intensificando la atención y la acción política.
Los objetivos principales son brindar un contexto humano, motivar a las personas para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sustentable y equitativo; promover el papel fundamental de las comunidades en el cambio de actitud hacia temas ambientales, y fomentar la cooperación para que el medio ambiente sea sostenible, pues esta garantizará que todas las naciones y personas disfruten de un futuro más próspero y seguro.
Múltiples actividades suelen organizarse en diferentes naciones para resaltar la fecha, tales como conciertos ecológicos, ensayos y competencias de afiches en escuelas y colegios, plantaciones de árboles, campañas de reciclaje y de limpieza, entre otras.
Las influencias y los riesgos que corre el Planeta
Llaman la atención los estudiosos sobre la creciente influencia en los estados desarrollados, en particular en Estados Unidos, que ejercen los fundamentalistas religiosos, aliados de gobernantes como Trump y Jair Bolsonaro, en Brasil.
En su momento, el eminente intelectual Noam Chomsky afirmó que en nuestros tiempos, la hostilidad de la administración a la información científica está poniendo al mundo en riesgo de una catástrofe ambiental.
A pesar de la separación oficial del Estado y la Iglesia, la aceptación constitucional de libertad de religión en EE.UU. ha servido a algunos para proclamarse intérpretes de lo divino y con esto hacer política y comerciar.
Hay que admitir que la divulgación de los avances de la ciencia estropea rentables negocios envenenadores de aguas, aire y tierra; entorpecen otros basados en lo oculto y sobrenatural, desenmascaran falsos mesianismos y desautorizan cruzadas y “guerras preventivas”.
En ese contexto no sorprende que las actuales autoridades administrativas estadounidenses continúen la política que en su momento trazó la administración del ex presidente George W. Bush y la “enriquezcan” con las iniciativas de Trump para rechazar pruebas sobre causas que originan el calentamiento global del Planeta, y la influencia negativa de la contaminación en la biodiversidad y la sobrevivencia de la especie humana.
Verdad irrefutable: el mundo está en peligro
Independientemente de las concepciones religiosas o el afán de enriquecimiento de cada cual, existe una verdad irrefutable: El mundo está en peligro, pero el gobierno de Estados Unidos pretende seguir metiendo la cabeza en un agujero, al tiempo que tergiversa realidades y difunde falsedades para confundir a la opinión pública internacional.
Un reiterado llamamiento por parte de las entidades científicas de una mayoría de países intenta para salvar al planeta, incluidos los propios EE.UU. y otras naciones desarrolladas.
En las reuniones anuales de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, investigadores estadounidenses suelen exponer evidencias convincentes de que las actividades humanas son responsables del calentamiento global, y han pronosticado reducciones severas en las reservas de agua en regiones que dependen de ríos alimentados por nieve licuada y glaciares.
Otros expertos aportan pruebas sobre el derretimiento de mantos de hielo en el Ártico y Groenlandia y la alteración de la salinidad del mar, que amenaza con cerrar el cinturón de transmisión oceánica, encargado de transferir calor desde los trópicos hacia las regiones polares mediante corrientes como las del Golfo de México.
Los referidos asuntos y sus consecuencias han tenido escasa difusión en Estados Unidos, en un contexto en el que destaca particularmente el persistente rechazo del Gobierno estadounidense a firmar el protocolo de Kyoto, mediante el cual se acuerdan acciones, entre otras para frenar los efectos de los gases industriales en el calentamiento global, a pesar que un elevado porcentaje de la población de ese país respalda el pacto de Kyoto como reflejan estudios de opinión pública.
Por tantas razones científicas y prácticas, se anticipa la divulgación del tema del Medio ambiente, la vida y la Tierra, que en junio tendrá su día anual, pero durante todo el año exige atención, lucha frontal y decisiones de los terrícolas para hacer que los que mandan tomen conciencia y eviten la catástrofe de nuestra aldea planetaria.
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