Los gatos figuran entre los mamíferos que blasonan de una prosapia milenaria, valiéndose solo de sus posturas distantes y una especie de dignidad muda que recuerda a venerables asiáticos de la antigüedad.
Domesticados hace más de 40 siglos por los egipcios, quienes los adoraban como a seres divinos, los gatos fueron fijando en la mente de los humanos la creencia de que en verdad gozaban el privilegio de escapar a la muerte durante siete oportunidades.
La divinidad de los pequeños felinos quedó ratificada en la historia a través de estatuas erigidas por los egipcios. Pero tan alta consideración se pagaba caro: cuando el dueño del gato moría, este era sacrificado y embalsamado para que acompañara al difunto en la otra vida.
Se conocen 52 razas de gatos, y aunque muchas son preferidas por la estampa del animal, que le confieren cierto abolengo especial, en verdad el gato se distingue sobre todo por su oficio de cazador de ratones.
De acuerdo con expertos, en realidad, el gato doméstico actual desciende de una especie africana denominada Felis caffra, que se caracteriza por su extremo nerviosismo, aberración por el ruido y los movimientos bruscos y un desmesurado afán por convivir con humanos.
Aunque numerosas personas tildan a los gatos de hipócritas y desagradecidos, expertos afirman que en verdad son animales que se expresan con franqueza cuando los molestan, y lo hacen mediante gruñidos y bufidos.
Eso sí, la mayoría de los entendidos en materias gatunas coinciden en que el minino no olvida los maltratos y vive más años que el perro, pues se conocen casos de gatos que rebasaron los 30 años de edad.
Los clásicos bigotes le sirven al gato como antenas, y entre sus mañas para mostrar afecto está la de rozar su cuerpo con el de otros.
Estos apacibles seres contemplan el mundo en blanco y negro, pues no distinguen los colores, y aunque tienen fama de no gustarles el agua, se conocen historias sobre gatos que incluso aprendieron a cazar en el mar y en ríos para ayudar a sus amos en la captura de presas.
Sin dudas una de las habilidades que más fama le ha conferido a los mininos es la capacidad para voltear el cuerpo durante alguna caída accidental, de manera que generalmente aterrizan con las patas listas para amortiguar el golpe.
Con los gatos no existen términos medios. Se les ama o se les odia. Pero no cabe dudas que se trata de un animal tan enigmático como la vida misma, capaz de exhibir su prosapia con altivez. (TVY)(01/03/16)
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