Cuentan que cuando Cristobal Colón recorrió el sur de la Isla, quedó maravillado ante la belleza inusual de las Salinas de Brito. Buscando palabras para describir tanta perfección inexplorada, creyó que se trataba del Mar de la leche, y así lo escribió en su diario de viaje.
Lejos estaba de imaginar el genovés que se trataba de peces agitando el fondo de la laguna en busca de minúsculos crustáceos. A kilómetros de distancia solo se distinguía el tono blanquecino del lugar.
Quizás sea esa de las primeras referencias que se tenga de las Salinas de Brito.
Pasaron los siglos y el sitio continúo en su efervescente existencia. Mucho antes de que los hombres regresaran al paraje, ya las Salinas eran visitadas por las aves, quienes llegaban procedentes de Norteamérica para resguardarse del crudo invierno.
Preferían para su viaje una autopista imaginaria trazada en el cielo conocida como la Ruta del Atlántico. A finales de año arribaban a esta porción de la Ciénaga de Zapata decenas, quizás miles, de aves procurando refugio y alimento.
Algunas, después de reponer sus fuerzas, continuaban viaje hacia el sur del continente, otras permanecían hasta entrada la primavera, convirtiéndose en residentes invernales de la Ciénaga.
Así ha sido durante miles de años. La migración de las aves, uno de los fenómenos más curiosos de la naturaleza, se pierde en el tiempo. Incluso en la Biblia el profeta Jeremía asegura que “la tórtola, la golondrina y la grulla tienen en cuenta el tiempo de sus migraciones”.
Los eruditos de la antigua Grecia, como Aristóteles y Plinio el Viejo, también quedaron maravillados con esta suerte de peregrinación.
BREVE HISTORIA DE LAS SALINAS DE BRITO
Las Salinas de Brito deben su nombre al terrateniente José Brito Santos, quien se radicó en la zona por el año 1948. Al parecer no se trataba de un observador de aves, más bien de un buscador de dinero.
Su mayor pretensión era sacar provecho de la sal que se acumulaba en las lagunas. El método de extracción era muy rudimentario: llenar con agua salada los estanques y esperar a que el sol la evaporara. Luego fraccionaban las rocas del mineral con un pico.
El negocio de Brito marchó bien. Algunos aseguran que se dedicó a menesteres turbios, porque la sal no era un negocio suficientemente rentable para edificar el emporio que disfrutara Don José.
Construyó una línea de ferrocarril, poseía goletas, y hasta cimentó una pista de aterrizaje para su avioneta. Mientras el negocio de la sal marchaba viento en popa, las aves continuaban visitando el lugar.
Don Brito abandonó el país al triunfar la Revolución, pero los habitantes de Zapata explotaron la salina hasta los años 70 del pasado siglo.
En esa década se crea allí un refugio de fauna, hasta que esta porción occidental pasa a integrar el Parque Nacional. Sin dudas, se trata de una de las áreas más importantes de la región.
Cada año arriban al lugar más de 67 especies migratorias provenientes del norte del continente, acuáticas fundamentalmente, como garzas, corúas, pelícanos, flamencos, sarapicos, gaviotas, todas como residentes invernales.
En la Salinas realizan diferentes estudios para determinar el grado de conservación, incluyendo el análisis de peces como el macabí, la barracuda y pequeños tiburones, palometas, róbalos y sábalos, que mantienen muy activo el ecosistema.
Tras el boom turístico de los 90, el refugio es visitado cada día por decenas de turistas deseosos de practicar el ecoturismo y la observación de las aves.
“Los turistas prefieren este lugar caracterizado por áreas muy abiertas donde prima la presencia de lagunas y manglares en buen estado de conservación”, refiere Francisco Medina Tejera, especialista del Parque Nacional.
“Las aves se alimentan de peces y pequeños crustáceos. En este ecosistema existe una interacción muy grande entre el agua dulce y el agua salada, proveyendo al lugar de abundante alimento”, precisa.
El especialista destaca el buen estado de conservación de las Salinas de Brito.“Contamos con una estación de manejo donde labora personal capacitado. Ellos realizan conteo de aves y marcaje de peces. También estudian el manejo de los manglares”.
Realizan además, investigaciones conjuntas con la Universidad de La Habana e instituciones académicas norteamericanas, para determinar el estado de conservación de la flora y la fauna.
LA PASIÓN DE YOANDI
Yoandi Bonachea Luis al fin cumplió su sueño. Durante varios años se desempeñó como operario de conservación para áreas protegidas en la Estación Biológica San Lázaro, pero él siempre soñó con laborar en las Salinas.
Narra que desde niño estuvo relacionado con la actividad, porque sus tíos fueron pioneros de la pesca deportiva, conocida como fly fishing, o con mosca.
El joven, natural de Güines, estudió en La Habana pero añoraba regresar a la Ciénaga, ya que sus ancestros eran oriundos de allí.
En sus vacaciones prefería la belleza de las playas y los montes de la Ciénaga. Sus deseos se cumplieron en el 2009 al establecerse definitivamente en Pálpite.
Cuando se le escucha hablar sobre su faena se percibe la pasión. Lleva alrededor de seis años dedicado a la conservación de la flora y fauna en el Humedal.
Licenciado en Educación, el joven Yoandi entiende que el ecoturismo como modalidad turística, es una de las prácticas más sostenibles en la zona. Cree que impulsará el desarrollo económico de la región, y así contribuirá al despegue del desarrollo local.
“Siempre soñé con trabajar en la Salinas de Brito. Se trata de un área de singular belleza, pero no está exenta de desastres naturales como los ciclones, y la mano destructiva del hombre”.
La tranquilidad del entorno le apasiona, “a veces la soledad es la mejor aliada: fortifica, propicia la meditación. Nada se compara con caminar y observar las aves”.
“Entre las que más disfruto mencionaría a la Sevilla. Tiene muchas cualidades desde el punto de vista ecológico. Se parece al flamenco en la coloración, pero el pico es en forma de cuchara, por tal motivo algunos le nombran Cuchareta”.
El forrajeo de esta ave en busca de alimento también le seduce, “hace giros en círculos a la hora de comer, me gusta mucho observarla”, confiesa el joven especialista.
Así pasan los días de Yoandi, devenido protector del refugio temporal de aves migratorias. En sus manos, y las de muchos otros está proteger las Salinas de Brito, para que continúe fluyendo la vida en la ruta del Missisipi, y las coloridas aves continúen adornado tan singular paraje.
Recuadro:
Migración de las aves.
-La migración de las aves consiste en los viajes estacionales realizados por muchas especies en respuesta a cambios en la disponibilidad de alimentos, de hábitat o climáticos.
–En el periodo antes de la migración, muchas aves despliegan una mayor actividad que se denomina inquietud migratoria.
-El estímulo fisiológico primario para la migración es el cambio en la duración del día, este se relaciona con cambios hormonales en las aves. Su base fisiológica se basa en procesos endógenos provocados por estímulos externos al Sistema Nervioso Central de las aves.
-El proceso migratorio produce transformaciones en la fisiología del animal como el aumento del hematocrito en sangre y de su nivel de grasa.
-La orientación de las aves se basa en diversos sensores. En muchas especies se ha demostrado el uso de una brújula solar, lo cual involucra el hacer compensaciones en el cambio de su posición basadas en el tiempo.
-Los cambios climáticos a gran escala se espera que tengan un efecto sobre la cronodeterminación de la migración, y los estudios han mostrado una variedad de efectos, incluidos los cambios cronológicos en la migración y en la estación de cría, así como en las declinaciones de poblaciones.
Su imagen más cercana







