A cualquier edad, poseer, cuidar y disfrutar plantas de interiores, en el hogar o en el centro de trabajo o estudio, ocupa poco tiempo y proporciona variadas satisfacciones, espirituales y materiales, como lo constatan quienes a lo largo de los años han descubierto secretos de las mascotas verdes.
Antes de surgir el reino animal en la Tierra, incluido el hombre, los vegetales abundaban en profusión de especies y variedades, las cuales desarrollaron formidables mecanismos de adaptación a variadas condiciones ambientales.
Gracias a esas propiedades, numerosas plantas nacen, crecen, se desarrollan y hasta florecen con poca luz y escasa humedad, y por ello son idóneas para acompañar a los humanos y proporcionarles goces estéticos y prácticos.
Otros vegetales, aunque reclaman mayor radiación solar para realizar la fotosíntesis vital, admiten que los desplacen por recintos techados y solo de vez en cuando reclaman “vacaciones cerca del sol”. A cambio retribuyen con regalos floridos, aromáticos, y propiedades medicamentosas.
Tales son los casos de las albahacas verde y morada, hierba buena, tilo, marilópez, romerillo, manzanilla y otras variedades. Sembradas en macetas, embellecen alféizares de ventanas, entregan fragancias y siempre están dispuestas a prodigar sus aportes sanativos.
Las malanguitas en tierra, y la llamada frescura, de verdes hojas lanceoladas con lunares blancos, entre otras, crecen altivas y refrescan ángulos de salas, comedores y pasillos, donde se aclimatan al ambiente opaco.
Estos huéspedes silentes también pueden comunicarse con las personas a través de un singular sistema natural de señales, mediante el cual informan si se está cometiendo algún error al regarlos con agua, o si falta algún nutriente esencial al sustrato en el que fueron plantados.
La excesiva penumbra puede conferir aspecto pálido a las hojas de la planta, que comenzarán a caerse si la maceta no es rodada hacia un sitio más iluminado. Igual sucede cuando se riega agua en demasía y aparece el color amarillo predominante en el vegetal, o le falta humedad y entonces los gajos y hojas se pliegan hacia abajo en señal de “tristeza”.
Aunque las plantas pueden aclimatarse progresivamente, ellas no se adaptan a un medio de aire enrarecido o escaso, lo que es percibido por la persona observadora, que progresivamente irá aprendiendo el lenguaje de sus mascotas verdes.
Algunos experimentos refieren que ciertos vegetales adaptados para interiores podrían reaccionar de cierta forma al lenguaje de los humanos a través de sensores que aún no se han precisado, aspecto que sigue motivando a los expertos.
Lo cierto es que numerosas personas, especialmente ancianos y niños, hablan a sus maticas, e incluso dialogan con ellas cuando aprenden a interpretar el código de colores y posturas con el cual hojas, tallos y flores expresan carencias o excesos que padece el vegetal, y también el buen estado vegetativo de que disfruta en determinadas condiciones medioambientales.
Práctica recomendable es cambiar dos o tres centímetros de la tierra superficial de los tiestos, cada cierto tiempo, por otra virgen, a fin de reponer minerales esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio, así como eliminar eventuales hierbas parásitas que aparezcan en torno de la preferida, y estar al tanto por si surgen huellas de depredadores.
Sin exigir demasiado, los huéspedes botánicos pueden significar para ancianos la diferencia entre la soledad y el acompañamiento doméstico y, para los de todas las edades, la felicidad de saberse útil a otro ser y de percibir cómo este, aunque irracional, también posee el don de alegrarnos la vida. (TVY)(17/03/16)
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