Ya lo sabíamos por prácticas intuitivas, pero ahora científicos acuden a reforzar las creencias de que el silencio y la tranquilidad son benditos restauradores de la atención psíquica, suprimen ansiedades y estrés, y facilitan la relajación que nos fortalece tanto como el mismo sueño.
La revista Muy Interesante se hace eco de las declaraciones del neurobiólogo estadounidense Leo Chalupa cuando afirma que los seres humanos necesitamos un día de completo silencio para lograr el funcionamiento óptimo del cerebro.
Nuestra mente debería descansar del continuo bombardeo que sufre, defiende, se podrían crear espacios para esa desconexión del “tecnoestrés”, beneficiosa para la mente.
Un reciente estudio indica que un tiempo sin estímulos auditivos relaja tanto o más que escuchar música tranquila. El cambio en variables cardiovasculares, cerebrales y respiratorias es similar.
El silencio recarga nuestro cerebro, pues el exceso de estímulos deja sin recursos a la corteza prefrontal, encargada del razonamiento. Sin silencio, solo podemos responder minuto a minuto: el pensamiento superior deja de existir y solo se reactiva en ausencia de estímulos.
Contra esa sanación aparecen en escena los ruidosos, los que violan normas y ordenanza administrativas y se complacen en alborotar todo el tiempo con bombardeo de cantidades inimaginables de decibeles, una agresión sonora capaz de desestabilizar, causar ira y sufrimiento, especialmente a quienes necesitan reposar y dormir, ya sea por edad avanzada y agotamiento físico y mental y no pueden hacerlo ante las andanadas de ruidos que invaden sus sitios de reposo.
Según el Dr. Craig Zimring, la contaminación acústica ha dado lugar a la presión arterial elevada y el aumento de la frecuencia cardíaca. El ruido innecesario puede causar malestar y pérdida de sueño.
Así como demasiado ruido puede causar estrés y tensión, las investigaciones han demostrado que el silencio tiene el efecto contrario: liberar el estrés y la tensión del cerebro y el cuerpo.
Una vez que se agotan los recursos de atención que se encuentran en la parte prefrontal del cerebro, la persona se distrae, se encuentra mentalmente fatigada y pasa a tener dificultades para concentrarse, tomar decisiones, o generar nuevas ideas, apuntan expertos.
El milagro de la restauración neuronal
La revista Brain recuerda resultados investigativos de 2013 luego de comparar diferentes tipos de ruidos, en los que se evidencia que dos horas de silencio diario permiten el desarrollo de nuevas células en el hipocampo (una región del cerebro asociada con el aprendizaje, la memoria y las emociones).
La investigación avala que el silencio puede ser terapéutico para enfermedades como la depresión y el Alzheimer, que se asocian con la disminución de la regeneración de neuronas en el hipocampo.
Sobre la base de investigaciones como las enunciadas, y otros estudios, se emiten regulaciones, como las que rigen en Cuba en contra de la contaminación acústica medio ambiental, en busca del necesario equilibrio a fin de garantizar el reposo de las personas.
Sin embargo, en notorio que la realidad sigue transgrediendo las ordenanzas y exige una supervisión más eficaz en las comunidades, sobre todo cuando el envejecimiento relativo de la población ronda el 20 por ciento de mayores de 60 años y se convierte en una necesidad sanitaria de inaplazable cumplimiento. (TVY)(08/12/16)
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