Viernes , 17 agosto 2018
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El Árbol y el Hombre

arboles bosquieDesde los tiempos primitivos el destino del Hombre y el Árbol ha permanecido intrínsecamente unido en continentes e islas. El vegetal es fuente de vida y regeneración, y por ello también ha sido venerado.

El ser humano y el vegetal tienen un pacto no firmado: uno depende del otro. Pero  cuando  irreflexivamente se tala, se quema y no se reponen los bosques,  salta a la vista el enorme potencial de destrucción latente en el que supuestamente ocupa la cima en la pirámide de la vida con consecuencias trágicas.

Los  habitantes mayas de América Central creían que la ceiba era el primer árbol y el origen de todo lo existente. En Cuba  ha sido objeto de culto por parte de religiones sincréticas, y la historia del catolicismo la cita como sitio de refugio de la Virgen y el niño Dios.

La percepción científica del árbol es más pragmática. Algunos científicos lo valoran como especie de máquina natural, accionada por energía solar, que extrae agua y minerales del suelo y dióxido de carbono del aire, y  los convierte  en alimentos que permiten la existencia del vegetal y de los animales.

Al reciclar el dióxido de carbono que los hombres exhalan cuando respiran, en opinión del experto Carl Sagab sucede una especie de “reanimación boca a boca a escala planetaria, un armónico ciclo impulsado por una estrella a 150 millones de kilómetros de distancia”.

Fuentes acreditadas refieren que hace unos 10 mil años la Tierra lucía un espléndido manto de bosques y regiones arbóreas sobre unos seis mil 200 millones de hectáreas.  La desbalanceada explotación de esa riqueza la redujo en un tercio.

El efecto de ese desbalance se siente en el bienestar económico y social, sobre todo en países subdesarrollados, y especialmente en zonas donde las personas dependen de la recolección de leña para cocinar y en ocasiones para calentar sus hogares.

La creciente demanda de papel y cartón, resinas, leña, maderas y otros aportes naturales de los árboles exige una intensificación del ritmo de reforestación a escala planetaria.

Expertos insisten en que esos esfuerzos no pueden enmarcarse en un solo país, habida cuenta de la magnitud del desastre actual, cuyos efectos en variaciones climáticas han dejado de ser especulativos para manifestarse en sucesos trágicos que apenas constituyen una alerta de lo que podría suceder en el futuro.

Para que el hombre pueda seguir habitando el planeta Tierra deberá cumplir su pacto con el árbol. Cuanto de este tome deberá reponerlo multiplicado. De ello dependerán el aire, el alimento y el agua para la vida del hombre y del árbol.

 

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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