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Plantas medicinales, ¿verdad o superchería?

“Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”. Así, con esa especie de trabalenguas, al parecer inocente y redundante, respondió mi amigo Éufrates a la pregunta del título, que pretende indagar sobre la real eficacia de la medicina verde, tradicional, a la que acostumbran a recurrir millones de personas en el mundo, especialmente las que carecen de asistencia médica puntual o de suficiente dinero para adquirir costosos medicamentos farmacéuticos, muchos de los cuales son promocionados a través de anuncios publicitarios que incitan al consumo y, por supuesto, intentan vender y seguir vendiendo a favor del lucro de grandes transnacionales de la farmacéutica.

Se trata de un asunto controversial, sobre todo cuando se intenta relacionar el valor profiláctico o curativo de algunas sustancias contenidas en  vegetales frescos o deshidratados con las llamadas “pseudo terapias”, que engloban prácticas y remedios de muy dudosa eficacia médica.

Algunos países, como España, han dictado resoluciones  gubernamentales que expresamente prohíben determinados métodos y sustancias englobados en términos ambiguos como la homeopatía porque existen testimonios de que han causado más perjuicios que beneficios, e incluso la muerte de personas que han sustituido  prescripciones facultativas por procederes y mejunjes no aprobados por las autoridades sanitarias.

Es obvio que al analizar este tema hay que separar a  tradicionales vegetales  utilizados de forma natural, de otros procederes publicitados  como “terapias balsámicas”, “rejuvenecedoras”,  “revitalizadoras” … y un sinfín de mezclas de jarabes embotellados  que precisamente pretenden aprovecharse  del conocimiento ancestral, de probada eficacia, basado en hierbas, frutas, flores, hojas y raíces verdaderas…

Recordemos  que el empleo de  plantas medicinales para tratar enfermedades no es descubrimiento reciente, ni práctica esotérica, aunque haya personas que atesoren secretos sobre la preparación y eficacia de jarabes, extractos, fluidos, cremas y pociones, transmitidos de generación en generación, lo mismo para curar un resfriado que un mal de estómago.

En Cuba el sabio Juan Tomás Roig fue pionero científico sobre la  posibilidad de desarrollar una industria farmacéutica a partir de nuestra  rica flora.

Mi amigo Éufrates, al igual que mi vecina  Cuca, basándose en una sapiencia antigua, fundamentada en la práctica como valoración de la verdad, recuerdan que muchas de las medicinas industriales que nos venden en las farmacias  provienen de la naturaleza virgen y de los conocimientos de nuestros ancestros, que han sido embotellados y “empastillados”.

Apegados al mismo fundamento, aseguran los chinos que para cada enfermedad existe una  contraparte botánica capaz de actuar como remedio natural.

Datos especializados afirman que hoy se conocen y usan cerca de medio millón de especies vegetales de propiedades curativas, en forma natural o deshidratándolas y sometiéndolas a procesos industriales en modestos o grandes laboratorios,  aunque  en realidad apenas unas pocas de esas fuentes terapéuticas se han estudiado suficientemente.

En la provincia cubana de Matanzas, como en otros territorios del país, se practica esta medicina verde a través de dispensarios que aprovechan los reconocidos recursos naturales, Igualmente sucede en  usos caseros empíricos.

La Flor de la Caléndula, de propiedades antisépticas, cicatrizantes  y antiparasitarias; el ajo, casi milagroso como hipotensor y contra el colesterol malo y otros empleos; la Flor de la Majagua, contra el asma y los catarros; el Pino Macho  para tratar hongos dérmicos; el Té de riñón y la Caña mejicana   para problemas del tracto urinario; la Manzanilla, el Toronjil,  la Marilópez y la Frutabomba para disfunciones estomacales e intestinales;   Orégano para tratar la bronquitis, el Romerillo contra infecciones y faringitis, y así podríamos seguir enumerando el amplio arsenal de fuentes botánicas naturales, eficaces y disponibles que, paradójicamente,  por desconocimiento o incredulidad, no siempre aprovechamos para alivio de males… y de bolsillos.

Lo demás, las falsas terapias y las pseudo ciencias en función del mercantilismo forman parte de otro asunto de mucho  interés y actualidad, que cabalga en las economías de mercado capitalista nutriéndose  de ignorancia de enfermos y familiares de estos que  intentan no perder  la esperanza de  hallar remedios  que la ciencia todavía no le puede suministrar  para males aún considerados incurables, o simplemente de hallar la quimera fuente de la eterna juventud.

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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