Jueves , 21 noviembre 2019
Es Noticia

El cuerpo del otro

Más átomos que cuantas estrellas existen en nuestro universo conocido, 96 mil 500 kilómetros de vasos sanguíneos, 90 trillones de bacterias, 100 billones de células, 200 mil kilómetros de venas y arterias…todo eso y mucho más cabe en un solo cuerpo humano.

Pero nada de eso nos importa cuando nos fijamos en el cuerpo del otro, en la carne ajena repleta de significados entretejidos, que por puro instinto nos atrae como una bombilla eléctrica a las polillas nocturnas.

A través del filtro del deseo el cuerpo del otro es un relieve tan loco como hermoso, tierra de especias, leche y miel y oportunidades para quien sepa aprovecharlas ya sea que invite o se resista mientras suenan de fondo los redobles de tambores de batalla.

Porque somos animales sociales y ansiamos encontrar en el prójimo el rastro siempre fresco de nuestra humanidad, saboreamos algo de consuelo en nuestros mutuos perfumes salvajes, los fuegos ocultos que arden sin humo, sabores salados y agridulces, paisajes de colores viejos y nuevos que solo pueden asimilarse con la sumatoria de todos los sentidos.

Valles en terreno tapizado de vellos y poros, cordilleras de músculo y hueso, hondonadas donde se reproducen extrañas criaturas del micromundo, lomas de piel y canales intrincados de materia húmeda, grasa de menos o de más, escalones de piel, superficies cambiantes que ponen trampas al ojo y a la mente…

El cuerpo del otro, a veces vedado por el tabú, apetecible como un mango maduro que palpita y convoca con una urgencia casi ensordecedora bajo la cáscara, biodiverso como la selva tropical, una fiesta para los ojos, la lengua y la nariz.

Por dentro y por fuera todo sucede demasiado rápido o lento, o acaso a una escala de tiempo más allá de nuestra comprensión para entenderlo del todo, mientras transcurre una muy antigua conversación sin palabras con mensajes de ida y vuelta codificados por la química.

Esa máquina perfecta que es el cuerpo del otro, nos enseña a gozar la maravilla de sus juegos, sus ángulos duros y blandos, sus adorables imperfecciones con o sin luz, su brevedad.

Con un poco de práctica uno aprende a mirarse en el cuerpo del otro como en un espejo, y a quererse más.

Comparte:

Acerca de Roberto Jesús Hernández Hernández

mm

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Scroll To Top