Jueves , 21 noviembre 2019
Es Noticia

El hombre que amaba los perros

“…y los dos nos miramos con un mismo dolor

él, un perro sin dueño, yo, un hombre sin amor”

Poema del domingo triste de José Ángel Buesa

Un día fue un hombre con suerte, tuvo familia y ensayó una vida perfecta que no llegó a estrenar. Hoy un banco del parque cercano a la terminal de ómnibus es su cama y algunos cartones viejos su abrigo en las noches.

Hace años era un tipo común como otro cualquiera, trabajaba y al llegar a casa alguien lo esperaba con una sonrisa. Compartía con amigos tarde de tragos y juegos de dominó. Se creía feliz.

Ahora, estampada en su rostro lleva la angustia del tiempo transcurrido y el dolor por los que ya no están. Apenas voltean a verlo, nadie pregunta qué comió o dónde vive. No significa más que un estorbo para los transeúntes.

Solo lo tiene a él, ese pequeño cachorro con el que comparte el trozo de pan que alguien dejó caer en la basura. Negrito, como lo llama, es su único amigo, su única familia.

Unas gotas anuncian la lluvia y El loco, como despectivamente le dicen, cobija con su camisa sucia y corroída a su compañero. Me refugio bajo el techo de la parada cercana para evitar el agua.

Mientras, él se mantiene allí, sentado sin que a nadie le preocupe si pesca un catarro. Sigue con la mirada perdida, cual si estuviera en otra dimensión. Toma unos sorbos de un pomo de color ámbar, de esos en los que vienen los jarabes que tomaba de niña para la tos.

Hace una mueca como si la bebida fuera demasiado fuerte. “Es alcohol, del malo, del de bodega,- dice alguien a mis espaldas- no le tengas lástima, está así por borracho, por eso nadie lo quiere ni su familia”. Aparto el pelo de mi cara, para disimilar algunas lágrimas y se me oprime el pecho.

Contrario a otros, no aparté la vista, me cuesta imaginar cómo llegó a ese estado. ¿Por qué anda harapiento y esmirriado, y prefiere comprar ron con las limosnas que le dan y no algo para echarse a la boca que no sean las sobras ajenas?

De repente veo cómo recoge en un saco de yute, mojado por la lluvia, sus cartones y carga a su perro. Se va a su casa, me digo, sí a la casa cuyo único techo es la inmensidad del cielo.

 

 

Comparte:

Acerca de Liannys Díaz Fundora

mm

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Scroll To Top