Lunes , 18 noviembre 2019
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El necesario contacto con la Naturaleza…

María ha sido siempre muy cuidadosa con la higiene doméstica, y desde que nació su primer hijo extremó la prevención: lo alejó de cualquier contacto con el suelo, evitó el acercamiento a personas que visitaban la casa y solo admitía los elogios y besitos tirados desde lejos, “como debe ser para evitar cualquier contagio“, insistía, mientras elevaba su almacén de variados productos desinfectantes, jabones antisépticos, toallitas con alcohol, talcos, fragancias…

 

Yurisleisqui  (nombre del niño de María)  solo salía de la casa en los brazos de su solícita madre para asistir a las consultas médicas programadas por el pediatra. Cuando llegaban a la policlínica ella procuraba sentarse en un sitio apartado de otras personas “para evitar el contagio”, explicaba.

 

A pesar de esos extremos, un día el niño de María enfermó  antes de cumplir el primer añito. Un leve catarro que se fue complicando poco a poco…

 

Cuando el especialista realizó análisis de rigor a la criatura y obtuvo resultados de interés, le explicó a la protectora madre que su hijo padecía alergias como consecuencia de exceso de higiene y su sistema inmunológico no se había adaptado a las realidades del entorno microbacteriano.

 

Ella al principio no podía creer lo que escuchaba: “¿que la higiene está dañando a mi príncipe?”, refutó los argumentos médicos. Fue necesaria paciencia y… más paciencia por parte del facultativo para convencer a la preocupada mamá de algunas verdades establecidas por la ciencia.

 

Por supuesto, las medidas higiénicas básicas son elementales y deben cumplirse al pie de la letra por todas las personas, tales como el baño diario, lavarse las manos debidamente, sobre todo antes de manipular alimentos, mantener limpias las habitaciones…,  pero el  excesivo  afán por higienizar el hogar y su propia anatomía y la del hijo   algunas personas contribuyen, sin darse cuenta,  a desarrollar irregularidades en  su sistema inmunológico y favorecer la aparición de alergias y otras afecciones para las que deben  contar con protección natural.

 

Agua, jabón, champú, desodorante, colonia, desinfectante, detergente, antibiótico y muchos otros productos impiden que entremos en contacto  con sustancias naturales que hace 30 años eran comunes y  hoy el cuerpo no las identifica y las rechaza.

 

De hecho, especialistas  coinciden al incluir el exceso de higiene junto con la contaminación ambiental y el cambio de hábitos alimentarios entre las tres primeras causas que provocan alergias.

 

Mejoras en condiciones de vida e higiene han hecho desaparecer numerosas infecciones que antes proliferaban, pero esto tiene una contrapartida perjudicial al favorecer la “pereza inmunológica”, explican expertos.

 

Algunas personas desarrollan  hipersensibilidad ante sustancias inofensivas para la mayoría de los individuos, debido a un error en el sistema inmunológico, que se torna  incapaz de diferenciar elementos dañinos de los demás, y entonces comienza a producir  anticuerpos desencadenantes de alergias.

 

En una Conferencia Internacional sobre Nuevas Enfermedades             Infecciosas, efectuada  en Atlanta, Estados Unidos, se mantuvo el criterio de que un uso cada vez mayor e indiscriminado de productos que contienen fórmulas de eliminación de bacterias podría  contribuir a la aparición de nuevos y más resistentes organismos  infecciosos.

 

Al respecto, el doctor Stuart Levy, microbiólogo de la Universidad Tufts, estima que el exceso de preparados destinados a acabar con   bacterias — como jabones o antibióticos– puede alterar el equilibrio natural de microorganismos que nos rodean dejando sólo  `superbacterias`.

 

Los especialistas coinciden en que para la higiene habitual bastan jabón y cepillo, y que sustancias más fuertes sólo deben utilizarse en caso de situaciones críticas.

 

Un estudio  realizado en Italia  refuerza  lo que los expertos han venido diciendo desde hace rato: el contacto  con bacterias es básico para el desarrollo del sistema inmunológico  de los niños, ya que de esta forma pueden generar los anticuerpos  necesarios para combatir enfermedades en el futuro.

 

-¿Qué hago entonces?, preguntó María, ansiosa por hallar una respuesta “higiénica”.

 

-Ponga a su niño en contacto con la naturaleza para que su organismo aprenda a defenderse por sí mismo, explicó el médico, con una sonrisa convincente en su rostro…

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Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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