Lunes , 25 noviembre 2019
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El último día…

El último día del año es ocasión especial para rememorar días pasados, 364 días de un año que culmina. Es el pretexto perfecto para ser feliz, perdonar, compartir. Ese último día reina la felicidad y a la vez la tristeza. Las despedidas nunca son alegres por el hecho de que siempre queda algo decir o hacer. Es entonces cuando llega la angustia y la impotencia de no haber logrado bajar las libras de más, no aprender el idioma que tanto se anhela, no haber visitado a los padres con regularidad, no amar más, no conocer más, no compartir más, no ahorrar más, en fin, un sin número de “no” en la cabeza.

Y es entonces cuando la pregunta cae de golpe: “¿Qué logré este año?”, claro, si se piensa en todo lo anterior, quedaría muy poco, aunque siempre se aprende, se ama, se comparte, se vive. Quizás no de la manera que se desea, pero se vive y se es feliz con poco, porque el ser humano se acostumbra a vivir el día a día esperando siempre un mañana. Por ello, aplaza todo para el momento perfecto, para cuando se tenga un nivel económico estable, para otro día.

¿Por qué? ¿Por qué esperar? El tiempo, que no perdona, pasa sin detenerse, y llega el último día del año todos los años y los “no” vuelven a ser un tema y la pregunta recurrente cobra vida y así, se sigue pensando en el mañana, se sigue postergando la vida, esa que es tan efímera.

El hecho de postergar viene aparejado con otra frase muy común: “Veremos qué nos espera el próximo año” o “Lo dejamos para el próximo año” y es así como se pasa los 365 días de un año pensando en el que viene, poniendo toda la esperanza en que el próximo será mejor y dejando para el venidero la construcción de la casa, el cambio de trabajo, el chequeo médico, los trámites de importancia, la reunión con los amigos, la atención a la familia.

El cubano festeja las navidades de una manera peculiar. Toda una semana anterior se prepara para ese último día, pinta la casa, recoge y organiza todo, acopia “la comida del 31” para festejar por todo lo alto, invita a todo el personal, empieza con las llamadas y los teléfonos se congestionan, porque como se conoce, el cubano es muy conversador. Desde mucho antes la música reina en los hogares y se apodera de las calles, toda una amalgama de gustos y géneros musicales que acompañarán las festividades hasta el 2 o 3 de enero.

El último día engendra angustia y felicidad, una dicotomía extraña, pero interesante,  aunque el cubano las aliñe con mojito, un cerdo asado, yuca y música. Ese día se desea lo mejor a la familia, al vecino, ese que todo un año puede haber molestado con el perro o con la basura, pero el cubano es así, reparte lo que tiene y desea lo mejor.

Ya el 31 de diciembre, último día del año, espera el venidero con un programa musical variado que transmiten por la televisión, toda la familia reunida, los amigos que llegan, travesuras y chistes que recordarán el año próximo, y por supuesto, los regalos, y cuando llega las 12…. todo un espectáculo sin igual … caen los cubos de agua desde los balcones y los portales, la calle se colma de vecinos, fuegos artificiales, muñecos incendiados quemando todo lo viejo y como si de un coro se tratara se siente, a las 12 en punto, un coro a viva voz:  FELIZ AÑO NUEVO!!!!!

 

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Acerca de Barbra Elizabeth Sánchez Godínez

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