
En Cuba existe una modalidad de adquisición de prendas de vestir y artículos de aseo a descuento en ciertas entidades estatales que se le conoce por una frase escueta que denota acción y define certeramente: ¡la compra!
Ninguno de los trabajadores que se favorecen con esa modalidad, (una especie de aguinaldo que puede llegar en cualquier etapa del año no solo en navidad) , negará que “la compra” resuelve y ayuda, mas también tiene sus inconvenientes: en una actividad de periodistas, por ejemplo, puede correrse el riesgo de llegar al lugar y coincidir con tres o cuatro colegas con la misma camisa; la heterogeneidad en el vestir también producirá una especie de festival de similares bolsos y zapatos, me encanta cuando los dos últimos ejemplos le suceden a mis colegas mujeres, se reirán entre ellas pero sé que se odian en ese momento.
Existen también ciertos personajes que te lanzan a quemarropa una frase que ya se va haciendo habitual siempre que se estrena una prenda nueva: “¿eso es de la compra?”, y no sabes si te están elogiando por haber elegido bien o si están intentando reprocharte que luces bien pero por un descuento.
Reiteramos, “la compra” resuelve y ayuda pero tiene sus cositas curiosas. Pongamos por ejemplo el día señalado. Muchos perderán el sueño en espera del amanecer, no lo dirán pero están deseosos de conocer qué suerte le aguardará esta vez.
No hablaremos tanto de la demora de algunos colegas, sino de los conocimientos aritméticos que se deben poseer para que los puntos asignados coincidan con los deseos de adquirir las prendas que necesitas. Si compras un par de zapatos, con los puntos que te quedan no puedes agenciarte aquel pullover, y muchos menos aquella camisa, más aun si quieres dejar alguito para el aseo.
Hay “compras” felices, sobre todo cuando la tienda está bien surtida, otras no tanto. Pero aunque las expectativas no sean cumplidas del todo, desde ese momento los beneficiados esperarán ansiosos por la próxima oportunidad de asistir a “la compra”…
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