Domingo , 19 enero 2020
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Matanzas: Mirar para ver lo que otros miran y no ven…

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Matanzas

Con la premisa del epígrafe, un grupo de estudiantes que cursan el último año de la carrera de periodismo en la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos, cumplió la asignación en la clase de Periodismo Literario de visitar el parque de La Libertad, de la capital matancera, y captar en ese escenario los elementos descriptivos y narrativos necesarios para redactar su trabajo periodístico con la esperanza de publicar los que resultasen seleccionados entre los más originales. Este es el primero de ellos. 

A la espera  

Lisandra Velázquez Ballester (Fotos de la autora)

Miro desesperadamente el reloj como si cada minuto valiese por diez, una vez más. Nada de llegar a la hora pactada, pareciera que la puntualidad se había agotado cuando le tocó nacer. Mi cabeza parece un ventilador moviéndose de un lado a otro y resulta hasta gracioso la manera en que todos los que vienen a lo lejos se parecen. Me desespero aún más y aunque lo pensé más de una vez me decido, saco mi mejor arma, es algo vieja pero certera: negra como la noche, y cuando la sostengo en mis blancas manos se crea un alto contraste, pareciera grano de frijol sobre un poco de arroz.

El objetivo para probar será una de las farolas que adornan el parque, con un color negro y cristales en su parte superior. Apunto, pero el objetivo pasa a ser unas hermosas flores de framboyán que están brotando un poco más adelante. Cuando me aburro de practicar voy a lo que me interesa, pero es que se hace difícil escoger, hay personas sentados en los verdes bancos de madera sostenidos por base metálicas, también están los niños que dan repetidas vueltas a la rotonda como si fueran trompos. En ese centro se levanta la estatua de la libertad, guiando al pueblo, con cadenas entre las manos. Un poco más alto, en la cima, se encuentra la figura de José Martí, pareciera el eterno vigilante.

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Para protegerlas a ambas, existe una reja que limita el paso hacia ellas, tema muy polémico para muchos pues se opaca un poco el concepto de libertad. Más abajo varios rosales blancos también sirven para adornar. Yo sigo analizando cada parte del urbano paisaje, distracción que me hace olvidar por instantes que ya llevo esperando más de media hora. El sol comienza a darme en el rostro y vuelve a mi cabeza la molestia, me levanto para buscar algo de sombra, y se hace muy difícil, pues ya el Parque de la Libertad no es como antes, colmado de frondosos árboles, ahora quedan muy poco, y los restos de raíces de los que fueron cortados. Sigo dando vueltas por los alrededores, incluso me da para darme cuenta de que son dos custodios quienes velan los alrededores, es increíble como al esperar te fijas en cosas que normalmente pasan inadvertidas ante nuestros ojos. Reacciono de nuevo y me impaciento por encontrar una sombra refrescante, pues el sol daña la precisión y la putería a la hora del disparo. De repente con la brisa llega a mi nariz un mal olor como pocos, provocado por los excrementos de los pájaros que encuentran allí cada noche su lugar de descanso.

MatanzasEs tan fuerte y desagradable que la expresión de mi rostro se vuelve una eterna mueca. En uno de los costados ahora se yergue una fuente, en su centro se alza una figura que varía a la interpretación de quien la mire, para mí una bailarina con un cisne encima. Pero cuando me quedo detallando tal elemento la vista se me va hacia uno de los bordes, allí una pequeña se queda cautivada mientras el agua cae y salpica su carita. Y no lo pienso más, apunto, respiro y disparo otra vez, todos se me quedan mirando esta vez, unos con cara de asombro … otros por curiosidad, pero ella ni se percató de mi presencia. Casi por accidente la vista se me va hacia un señor que, al igual que la niña, ni se percata de que estoy ahí y sin pensarlo mucho sé que mi siguiente disparo será para él. No quise acercarme demasiado, si no puede que perdiera el valor y no ejecutara la idea que tenía concebida. El sujeto tenía la piel oscura y arrugada, los años no pasan por gusto. Pero la vejez no era solo en el cuerpo era también en su mirada.

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Sus ojos dejaban escapar cansancio, pero a la vez serenidad, tanto como mar en calma. También se veían como un pozo ciego, se sentían como perdidos, desolados. No podía dejar de pensar en lo mucho que es capaz de expresar una mirada, un rostro, incluso de alguien que nunca había visto en mi vida. Él y nadie más que él sabría la causa, los motivos de aquella expresión. Salgo de mis conclusiones idealistas y me decido a disparar, y más de una vez, porque ese sería la víctima más importante del día, el protagonista de mi acción, sin tan siquiera imaginarlo. En el sigilo de que me diera tiempo sin que él se percatara, no me daba cuenta de lo que pasaba a mi alrededor, y cuando más enajenada estaba siento unas manos que me sujetan por el hombro y una conocida voz que me dice…

– ¡Tú, como siempre, con la cámara en mano!

Me sentí como niño que sorprenden haciendo travesuras. Era la voz de mi retrasado amigo. que llegó cuando mi imaginación de artista comenzaba a crear lo que sería mi próxima serie fotográfica con el título A la espera …

(TVY)(RPB) (06/12/19).

 

 

 

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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