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Negrita…

Negrita fue la perrita que nadie quiso,  para convertirse en la que quisieron todos. Fue la que nadie se llevó de una camada de ocho cachorros.  Era feíta. Tenía unas patas largas unidas a un cuerpo flaco que dejaba ver sus costillas. Su figura perruna estaba rematada por unas largas orejas que también le restaban gracia. Sin embargo, su simpatía resultaba incuestionable, y poco a poco se fue ganando el cariño de los trabajadores del Telecentro Tv Yumurí donde nació.

Le encantaba descansar en una alfombra justo a la entrada del lobby , y siempre que le regañaban, el regaño iba seguido de un cariñito en el vientre. Poco a poco su presencia se hizo habitual y querida.

Quizás fue la menos favorecida de la camada, porque nunca conoció un hogar, pero si se mira bien, fue la única que pudo disfrutar del alimento de su madre sin ser arrebatada de su lado. Luego se convirtió en la cachorrita de muchos, quienes le traían comida y la apapachaban. Era la primera en recibir a los trabajadores, a quienes les lanzaba esa mirada afectiva que solo saben regalar los perros. Y fueron muchos los que se vieron reflejado en sus ojos, a los que también le regalaba el movimiento cariñoso de su cola.

Nunca pasó inadvertida, y quizás esa confianza de saberse importante le hizo temeraria. Con su flacucho cuerpo comenzó a defender las fronteras invisibles del que creía su territorio. Luego quiso conocer más allá, y empezó a ladrarles a los autos que pasaban por la céntrica calle Milanés, fue entonces cuando varios trabajadores temieron por su vida, y llegaron los regaños un poco más severos que intentaron preservarla de un accidente. Accidente que finalmente ocurrió.

El día antes de morir, Negrita se dio un atracón que provocó la risa de varios. Hoy todavía queda el manchón de grasa del último lugar donde comió, de ella, en cambio, solo quedará el recuerdo de la perrita más fea, y más querida quizás…

 

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Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

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Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

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