
Porque eres bella y caminé contigo, a veces logro que duela menos,
Y pienso en esos lugares donde nos posamos, y la forma en que yo te miraba;
No te asustes si confieso que aún te miro así, luego recuerdo que pasaste de mí, y también trato de pasar de ti;
Y así transcurren mis días, añorando lo que fue;
El olvido es una palabra triste, que me obliga a explicarle a mi cerebro que lo mejor sería dejar de pensarte y no recurrir más a los momentos inigualables que me regalaste;
Una buena estrategia sería pensar en la herida, pero ya no me duele, además, me fascina más pensar en aquella cicatriz de tu rodilla…
A veces intento imponerme la idea de que la amistad puede ser un aliciente: ¡Pura mierda!, ¿sabes?;
¿Cómo aceptar la amistad de la mujer más bella?, cómo ignorar que las locuras quedan para siempre, laten en la memoria y el corazón de desboca;
Cómo te digo que a veces quiero gritar desde aquella loma donde llevabas tu vestido azul;
Cómo consigo pasar del recuerdo de aquella mañana cuando te recostaste en el tronco de una uva caleta a orillas del mar, y me regalaste la palabra más bella que una mujer puede obsequiarle a un hombre: ¡VEN!
Perdóname amiga, pero son cosas que no quiero olvidar, aunque hayas pasado de mí, y aunque yo lo intente cada mañana con tanto empeño y sin resultado…
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