Martes , 11 diciembre 2018
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Un viaje sin compañía

“La vida me ha dejado detrás…, pero  te sigo queriendo”. La escuché decir aquella madrugada cuando las lágrimas eran el  único consuelo e hincada  junto a su lecho rezaba por su descanso eterno.

Algunos se acercaron para calmarla; pero su voz los hizo alejarse nuevamente: “Déjenme llorarlo es lo único que me queda por hacer ahora”. No pudieron hacer más que extenderle un pañuelo y guardar silencio.

La casa estaba llena y el llanto de los familiares retumbaba en cada rincón. Ella continuaba allí, sentada junto al cuerpo inmóvil, ya sin vida; no dejaba de mirarlo tal si lo estuviese retratando con su corazón para nunca olvidarlo. Lo besaba y acariciaba, aún no podía creer que el compañero de cada noche y la razón de su existencia se marchaba sin apenas dejarla preparar la maleta.

De pronto, miró a todos y los calmó diciendo: “Hicimos todo por él, que sea ese nuestro consuelo”. Abrazó con un suspiro profundo a sus tres hijos y mandó a  prepararlo todo para el funeral.

Abuela sabía por qué él no la había invitado a marcharse. La había dejado detrás para que sus ojos azules fueran la visión del mundo de sus hijos y sus manos continuaran siendo el sostén de los nietos cuando dieran los primeros pasos. Esas fueron la razones por la que abuelo decidió hacer su viaje sin compañía.

 

 

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Acerca de Liannys Díaz Fundora

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