Jueves , 16 agosto 2018
Es Noticia

¿Ballet en el Palmar de Junco?

A muchos pudiera parecerles insólito. De hecho lo sería en cualquier lugar, que no fuera Cuba, la Cuba que recién estrenaba una revolución verdadera, donde “lo real maravilloso” cobraba cuerpo en todos los ámbitos.

Eran recientes los días en que decenas de miles de jóvenes con una cartilla y un manual llevaron la enseñanza al llano y la sierra, o con un proyector cinematográfico, subido a lomo de mulos, iluminaron los rostros sorprendidos de la montaña.

Corría Julio de 1962 y mis paseos comenzaban a alejarse de casa, mas no por eso dejaba de visitar algunos lugares asiduamente, el Palmar de Junco  entre ellos. Durante el año anterior lo vi renacer día tras día. Manos laboriosas y una voluntad acrecentada rescataron del olvido el histórico parque beisbolero.

Ahora, una vez realizado el caro sueño, se estableció el jolgorio. La pelota y el fútbol, la tabla gimnástica y el concierto. ¡Todo era posible!

Pero esta vez, transcurrido apenas unos meses, al estadio le crecía un escenario de notables dimensiones, a los ojos deslumbrados de este guajirito de Pueblo Nuevo.

Allí, en pleno jardín central, una trabazón de estructuras metálicas y paneles se erguían llenos de colorido.

De nuevo el muchacho deslumbrado quería saber, mas no le alcanzaba el conocimiento para entender. En casa tampoco halló la respuesta y en el vecindario no abundaban los que pudieran satisfacer la curiosidad.

¿Alicia? ¿Ballet? ¿Giselle?”  

Giselle-Alicia-Alonso

Más tarde supimos que los Comités de Defensa de la Revolución promovían  un suceso cultural al que miles de matanceros acudimos.

Apenas unas horas antes, en casa indagaban por el costo de aquel espectáculo al que insistí que no podía faltar.

Al fin hice filas entre el nutrido público. La tarima estaba allí. Un encantamiento de música, luces y vestuario, venidos de otras latitudes y edades, dio paso a los bailarines. Aquellos colmaron las tablas, ahora con gestos y andar acompasados, luego con giros e inusitados saltos. Así, mientras danzaban, nos contaron una historia de amor.

Aquella fue la primera vez que vi bailar a la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso. Nada menos que en los terrenos del Palmar de Junco.

De regreso a casa, aún conmovido por el extraordinario espectáculo, recordaba que la noche anterior mi madre insistía:

_  ¿cuánto cuesta la entrada, hijo?

_ Dos sellos usados, de a centavo, mami. Dos sellos.

Y con rostro incrédulo precisaba:

_ ¿Dos sellos?

Acerca de Angel Rodríguez Pérez

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