Domingo , 5 abril 2020
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Como el gemir de violines (II)

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La Habana: Como el gemir de violines (II)

Cabaret Tropicana de La Habana. Foto tomada del sitio del cabaret

Lindo es tu Prado,

lindas son tus calles,

bello es tu mar.

Sobre mi matrícula en la Universidad de La Habana guardo muchas anécdotas que no podría contar en este breve recorrido. La Quinta de Los Molinos, donde radicaba la Facultad de Agronomía, ocupa un lugar especial para el recuerdo de alumnos y profesores, muchos de los cuales ya no sobreviven esta sencilla crónica.

Su jardín botánico, sus aulas y laboratorios, la hacienda donde vivió sus últimos días el Generalísimo Máximo Gómez, entre otras muchas particularidades, otorgan al recinto un extraordinario valor.

La ubicación de la residencia estudiantil en el elegante reparto Miramar y habitar aquellas mansiones, hasta poco antes pertenecientes a la alta burguesía cubana, constituía un signo de los nuevos tiempos.

En el diario transitar ocurrió el descubrimiento de los cines habaneros. Tras una película de interés era capaz de andar La Habana. Es el caso de una tarde que en busca del Samurai, película francesa con la actuación de Alain Delon, Nathalie Delon y Cathy Rosier, partí a la conquista del cine Nuevo Continental en la calle Manrique de la barriada china.

Luego de un buen rato deambulando el lugar sin dar con la sala, me sorprende una multitud asiática, saliendo entre risas de un local con adornos y caracteres tipográficos orientales. Allí alcancé a ver la película buscada, una vez concluida la tanda dedicada a los vecinos del barrio chino.

La Habana: Como el gemir de violines (II)

Cine Yara. Foto tomada de Pinterest

Entonces vinieron los días de Cinemateca y los estrenos en los grandes cines. Pero la gran fiesta llegó con el Primer Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Ocasiones hubo de disfrutar cinco películas un día, luego del imaginable ir y venir por toda la ciudad, hasta la última proyección, en horas ya avanzadas de la noche.

La Gala ofrecida por el Ballet Nacional de Cuba en el entonces teatro García Lorca, a los delegados al IV Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas y la interpretación de El Padrenuestro Latinoamericano de Mario Benedetti, declamado por Héctor Quintero con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional en el Teatro Amadeo Roldán, son momentos vividos en La Habana de mis recuerdos.

De las noches de Tropicana conservo gratos recuerdos. En especial aquella que El Tosco regaló a los participantes del V Congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura, que no concluyó hasta la manifestación de las primeras luces del nuevo día.

Porque La Habana es esa simbiosis de alta cultura y arte popular, echada al viento, como una sábana blanca colgada en los balcones del tiempo.

Acerca de Angel Rodríguez Pérez

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