Domingo , 24 junio 2018
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De lo posible se sabe demasiado

Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez

A Silvio lo conocí en 1968 – por televisión, naturalmente. Ahora, mientras leo en Segunda Cita- el blog del cantautor- sobre su truene en el ICR, no puedo menos que recordar los días que en Junco, batey del municipio matancero de Jovellanos, me sorprendió el modo de decir de ese muchacho desgarbado que cantaba sobre cosas imposibles.

Y es que “Mientras Tanto”, aquel programa que le suspendieron a Silvio por razones inauditas, es el mismo que alcancé ver algunas noches de “polizón” desde el portal de la única casa que disponía de televisor, en aquella comunidad donde me hallaba movilizado en un campamento cañero.

                        Pero mientras tanto,
                        yo tengo que hablar, tengo que vivir,
                        tengo que decir lo que he de pensar.

Justo cuando la radio se abría a otras sonoridades y las canciones de  Manzanero, Aznavour o Los Fórmulas V, entusiasmaban a los más jóvenes, nada me resultaba comparable al decir del trovador.

Para cuando regresé a mi escuela-unidad, La era está pariendo un corazón ya se radiaba con cierta frecuencia, pero alrededor de Silvio empezaron a tejerse diversas historias de rebeldías y desacatos.

Un amigo que por aquellos años estudiaba arquitectura en la Universidad de la Habana, durante las visitas de fin de semanas a Matanzas, solía contarme sobre las andanzas del  trovador: Presentaciones públicas, encuentros en Casa de las Américas y el Teatro Hubert de Blanck y las ocasiones que lo llevaban detenido por alguna arbitrariedad o “malacrianza” del cantautor.

En el 70- cuando subió al escenario del Festival Internacional de la Canción en un desbordado anfiteatro de Varadero- su Resumen de Noticias se me antojaba el mejor recurso frente a “los delimitadores de las primaveras”. Junto a Serrat y los versos de Vallejo hallaba un modo digno de dar la batalla.

Poco tiempo después- no sin sorpresa-me hallo inesperadamente entre una veintena de espectadores que en la Sala White asistimos a una improvisada descarga de Silvio, Pablito y Noel. Eran los días que se organizaba el Movimiento de la Nueva Trova.

Lo que ocurrió después es más conocido; Los grandes conciertos dentro y fuera del país, las canciones antológicas que siempre me acompañan y sus regresos al Teatro Sauto, a las prisiones o al barrio de La Marina.

Y así habré de celebrar la obra de quien ha procurado ser un gran mortificado-mortificante desde una poética del compromiso:

                         Yo he preferido hablar de cosas imposibles
                         Porque de lo posible se sabe demasiado.

 

Acerca de Angel Rodríguez Pérez

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