Jueves , 21 noviembre 2019
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Plaza de la Vigía

Es noche de sábado en la vetusta Plaza de La Vigía. Recién le restauraron las cicatrices del tiempo; le nacieron luces y no puedo menos que recordar aquellas, que hace algunos años iluminaron la plaza por entonces asfaltada.

Eran los tiempos que en la actual Editorial Vigía radicaba la Casa de la Trova, institución que contaba con una variada programación, a la que no le resultaban ajenos los acordes del feeling, el bolero y hasta el tango.

En sus altos funcionaba la Casa del Escritor, por eso no resultaba extraño, que allí donde muchas noches disfrutamos de actuaciones como la de Elena Burke, José Antonio Méndez (el ronco) y Ñico Rojas, podíamos asistir a un recital de poesía o alguna actividad literaria.

Momento singular para La Vigía, fue dado por el traslado hasta sus portalones de la Galería Provincial Pedro Esquerré. Es cierto que esta nunca dispuso de los encantos de la ubicada hasta entonces en  Milanés y Ayuntamiento, patio colonial incluido, pero también se propuso amenizar sus noches con interpretaciones al piano de contertulios, acciones plásticas y proyecciones de videos y películas afines.

La majestuosidad del Teatro Sauto _próximo hoy a su reapertura_ siempre aportó al entorno una singular prestancia además de sus memorables funciones y las múltiples actividades nocturnas del Museo Provincial Palacio de Junco propiciaban la participación de diversos públicos.

Retornando a los viejos portales, donde hoy funciona el café La Vigía _toponímico adjudicado_ radicó la sede provincial de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, que brindó al lugar un espacio recreativo para sus miembros, pero con acceso regular de la población. En los sótanos había funcionado un cabaret de no muy larga vida.

Y en ese recorrido temporal por diversas instituciones de la citada plaza, no olvido la patana-cabaret que atracada en las márgenes inmediatas del San Juan, propiciaba las delicias de los jóvenes, algunos de los cuales, según cuentan, sucumbieron al involuntario chapuzón.

Por último, citaré al actual Café Atenas, denominado por allá por los 60 como cafetería Castro, donde se brindaba en las noches de fin de semana la actuación de un combo aficionado, del cual lamentablemente no recuerdo el nombre. Al recurrente grupo no le faltaba el público asiduo, aún cuando en Ayllón, a solo una cuadra de distancia, el Parque Antillano ofrecía un espacio de reconocida aceptación popular.

Lejos de un recuento nostálgico, pienso en el ambiente cultural por realzarse en la plaza recién restaurada. Y no en las grandes y bulliciosas ferias, si no en aquellas propias a la gloria tricentenaria de sus paredes, columnas  y adoquines.

Este sábado, el público crece durante las primeras horas, acude en familia, en grupos de amigos o como solitarios transeúntes. Algunos en busca de lo novedoso, otros de un lugar agradable para el romance o la amistad, muchos para establecer comunicación con alguien lejano.

La Vigía ofrece ese espacio deseado. No le faltan ofertas para ampliar sus dotes, si bien inmuebles como el ya mencionado Teatro Sauto o el que acogerá la maqueta de la ciudad, vendrán a coronar cuanto se ha hecho.

Pero es posible desde hoy ampliar sus opciones, con solo diseñar una programación cultural adecuada, apacible, sin estridencias. Se  han organizado algunas llamadas Ferias Turísticas, ahora extendidas al paseo de Narváez, sin dudas un plausible esfuerzo si se asentaran en espacios más propicios. A La Vigía y a Narváez le son ajenos, por más que un público deseoso de nuevos aires acuda en masa. Esos espacios existen en la ciudad y el público los disfrutará por igual.

Ejemplos de digna mención pueden ser, el de hace algunos sábados, protagonizado por las estatuas vivientes que representaban a celebridades y personajes populares de la urbe o el reciente concierto del cantautor Reynaldo Montalvo, que aún puede disponer de una mejor convocatoria, para beneplácito del público asistente.

La prolongación de horarios en las instituciones culturales de la ya disfrutable plaza, como espacios idóneos para la música tradicional o trovadoresca, entre otras posibles manifestaciones y la animación igualmente mesurada de los centros gastronómicos asentados en La Vigía, pueden y deben acrecentar la maravilla.

 

 

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Acerca de Angel Rodríguez Pérez

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