Jueves , 21 noviembre 2019
Es Noticia

Viajera peninsular

Viajera peninsular,

¡cómo te has aplatanado!

¿Qué sinsonte enamorado

te dio cita en el palmar?

Jesús Orta Ruiz

El Indio Naborí

 

La décima oral o escrita, desde siempre formó parte de la órbita vital en que crecí y viví.

En la casa, allá en la barriada de Pueblo Nuevo, mi padre las cantaba con admirable encanto al tiempo que se acompañaba de una filarmónica, mientras   mi madre recitaba aquellas que de niña aprendió de Pedro Pérez Pijeira, El Sinsonte de Torales, su padre.

El Sinsonte de Torales

   ¿El que a Tino defendía?

Sí señora, el que vivía

     A orillas del Quintanales.

Tendría yo 8 ó 9 años, las tardes en que el viejo, – que aún no cumplía tantos para ese apelativo- me llevaba de paseo con un itinerario de destino fijo. Cualquiera que fuese el breve recorrido, siempre concluía en una cafetería a un costado de la antigua terminal de ferrocarriles. Allí un pequeño comerciante disponía de un radio, alrededor del cual muchas personas disfrutaban las controversias poéticas entre Justo Vega y Pablo León, dos admirados repentistas de entonces.

Ocasión especial fue la noche, que destinando parte de los exiguos ahorros, el viejo me llevó a un concierto en la desaparecida valla de gallos en la calle Espíritu Santo. La canturía contó con una constelación de poetas improvisadores. Muchos años transcurrieron pero no olvido la hilarante actuación de Chanito Isidrón.

Así aprendí a disfrutar de aquel arte juglaresco, que junto a las posteriores lecturas de Martí, Vallejo o Machado vinieron a conformar lo que defino como una actitud poética.

Carilda Oliver Labra, autora de “Canto a Matanzas”

Pasaron algunos años, labores y romances me alejaron de la ciudad, pero aquellos fines de semana cuando visitaba la casa de mis padres y coincidía con el último domingo del mes, me sentía obligado a llegar hasta la lujosa Sala White donde desarrollaban las tardes campesinas. ¿Cómo no acompañar a mi padre en esos fabulosos conciertos, a los que asistían los mejores repentistas del país?

Luego fueron los talleres literarios en Limonar, donde la dedicación de Wilda Wrves al frente de los mismos, te hacía imposible desconocer la convocatoria a concursos, talleres y bienales que proliferaban en la época. Por entonces escribía poesía con cierta frecuencia entre otras andanzas.

Jesús Orta Ruiz y Angelito Valiente

Así me vi una de aquellas noches en la Casa de Cultura limonareña haciendo de presentador de lo que me sugirieron como un mano a mano entre Jesús Orta Ruiz y Adolfo Martí Fuentes que preferí llamar Verso a Verso.

Poco después, La Casa Naborí, levantada con el esfuerzo de las autoridades locales y sus trabajadores, devino Meca de la décima improvisada y escrita. Su director Pablo Luis Álvarez Wicho, concibió tal número de actividades que ningún cultor de la décima por distante que estuviera dejó de visitarla alguna vez.

 

 

Publicación de los versos de Juan Nápoles Fajardo “El Cucalambé”

El Indio Naborí y Angelito Valiente la premiaron con su crédito y maestría, Chanchito Perera, Omar Mirabal y Tuto García con la fuerza de sus imágenes poéticas, Luisito Quintana, Alexis Díaz Pimienta y Juan Antonio Díaz con su improvisación arrolladora. Toda una legión de notables poetas repentistas acudieron a su convocatoria.¡Cuánta gloria se daba cita cualquier tarde bajo los aleros de la Casa Naborí!

Desde siempre me acompaña un manojo de versos para recorrer la brevedad de lo vivido, entre ellos algún octosílabo conserva la mano alzada.

 

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Acerca de Angel Rodríguez Pérez

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