Domingo , 22 septiembre 2019
Es Noticia

Ella se me hizo gorrión


Aquel gorrión agitado bien pudo ser una señal. Mas mi joven amiga apenas reparó en su inusual aparición. El ave llegó a la sala hospitalaria con el pico abierto, como sediento, revoloteando con nerviosismo, para posarse en cada uno de los portasueros de los pacientes. En el de ella nunca se posó.

Mi amiga apenas se percató de la escena, luchando como estaba por aspirar un poco de oxígeno.

Ella había llegado al hospital varios días antes que yo. Su padecimiento era crónico, algo que quizás nunca supo, y que nosotros supimos después.

Su cuerpo delgado y pequeño enmascaraba muy bien sus 30 años. Sin dudas parecía una niña, por eso quienes le conocimos le llamábamos “La pequeña”.

La pequeña se ganó el afecto de cuantos le conocieron en la sala de hospital donde permaneció durante varios días. Siempre que llegaba un recién ingresado, ella se encargaba de presentar al resto de los pacientes. de la sala.

Bastaban pocos segundos para tomarle afecto. Su alegría era contagiosa, se convirtió en el alma de esa sala hospitalaria. Sin importar la diferencia de caracteres, de edad, procedencia, o padecimientos, a todos les robaba una sonrisa cómplice, algo que tanto se aprecia en momentos difíciles.

Tres días me bastaron a mí para encariñarme y hacerme su amigo, si no conversamos más era porque apenas podía hacerlo. Ahora nunca concretaremos el deseo de reencontrarnos una vez fuera del hospital. Como tampoco lo hará con la señora nerviosa que alzaba la voz y solo a ella le hacía caso, ni tampoco se beberá el cocimiento de aquellas plantas sanadoras que un familiar de un paciente le fue a buscar al monte para aminorar su dolor.

Conservaré su número de celular, el que me dio para que la llamara aquella vez que fui un instante a la casa, mientras ella velaba por mi mamá. Lo conservaré aunque se de antemano que nunca llamará. Pero quiero llevar su nombre en mi celular para reencontrarlo una que otra vez y recordarla, aunque dudo que sea necesario.

Me basta con pedir un jugo de melón, mi preferido, para evocar que ese fue de sus últimos deseos cuando apenas ya podía respirar.

La conocí en un momento difícil de mi vida, justo cuando ingresaba a mi mamá por segunda ocasión, y gracias a esa esperanza que insuflaba a todos y sus ganas de vivir, se me hicieron más llevaderos los primeros días.

Un viernes en la tarde la conocí, ¡como olvidarlo!, y en la tarde de un lunes partió para siempre. La noche anterior a su muerte un gorrión nervioso sobrevoló la sala donde ella dormiría por última vez.

e

Comparte:

Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

mm
Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Scroll To Top