El 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba, la juventud revolucionaria salió resueltamente a las calles para enfrentar a la dictadura de Batista y demostrar de cara al mundo que estaba presta a librar por su patria la fase final de la prolongada guerra en pos de la verdadera y definitiva independencia y soberanía de la patria.
Aquel levantamiento estudiantil liderado por Frank País, Léster Rodríguez, Pepito Tey y otros luchadores del movimiento 26 de Julio, en enfrentamiento abierto con los sicarios del régimen pro imperialista que desgobernaba a Cuba coincidió con momentos en que el yate Granma se acercaba a las costas de Niquero con sus 82 expedicionarios y la promesa de encender la llama de la rebeldía nacional.
A las siete de la mañana se iniciaron los enfrentamientos armados con las fuerzas represivas de la tiranía.
Un grupo de 28 combatientes revolucionarios atacó la parte frontal de la jefatura de la Policía nacional, mientras otros ocho irrumpían por el fondo y llegaban a la azotea del inmueble.
Los esbirros superan en proporción de cuatro a uno a los revolucionarios. El primer rebelde en caer fue Tony Alomá. Pepito Tey, aunque herido en una pierna, no cedía terreno y avanzaba temerariamente, hasta ser abatido, al igual que Otto Parellada.
Ante la imposibilidad de tomar el edificio, los revolucionarios lo incendiaron y ordenaron la retirada. A poca distancia de allí otros rebeldes lograban prisioneros y capturaban armas en la policía marítima.
Refuerzos batistianos llegados desde el Cuartel Moncada frenaron la ofensiva. .La noche anterior habían sido apresados Léster Rodríguez y Josué País, lo que frustró el plan inicial de disparar un mortero contra el cuartel.
Dispersados, los combatientes se posicionaron como francotiradores en diferentes puntos de Santiago de Cuba.
El pueblo vibraba de emoción y abría puertas para refugiar a los rebeldes que habían dado la clarinada de combate armado.
El yate Granma se acercaba más a las costas cubanas a las que arribaría dos días después. Páginas heroicas serían protagonizadas en días posteriores por el pueblo en la Sierra y en el Llano, liderado por Fidel Castro y la vanguardia revolucionaria, cuya prolongación en el tiempo sigue dando muestras inconfundibles de la determinación de defender la soberanía conquistada tras 150 años de lucha rebelde.
Cada año, ante la tarja que perpetúa la memoria de Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada, en la Loma del Intendente, son colocadas ofrendas florales en recuerdo a estos valientes cubanos, y se escuchan salvas de fusilería, y los escolares reeditan aquellos momentos históricos, mientras en otros muchos sitios de la geografía cubana se reiteran los actos de recordación a los muchachos de la clarinada, los que se alzaron para todos los tiempos, porque la memoria histórica debe permanecer encendida, como la llama eterna en el monumento a José Martí.
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