Martes , 3 diciembre 2019
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Aniversario 60 de la primera Ley de Reforma Agraria y Día del Campesino

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Con programas encaminados a elevar la producción agroalimentaria y la ganadería sobre bases sustentables, Cuba celebra este 17 de mayo el aniversario 60 de la primera Ley de Reforma Agraria, que hizo justicia en el campo, entregando la tierra a sus legítimos dueños.

Defender la economía del país de los ataques de la actual administración del rubio despeinado que usufructúa la Casa Blanca en Estados Unidos, mediante esfuerzos encaminados a sustituir importaciones y hallar soluciones propias a la necesidad de insumos para la labranza, cultivo y labores fitosanitarias, es el propósito común de los campesinos en esta fecha, de acuerdo con declaraciones públicas de dirigentes de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

La entrega de millares de hectáreas de  tierra en calidad de usufructo a nuevos agricultores, que se   suman a la producción de alimentos, forma parte de esa estrategia productiva que espera resultados a corto y mediano plazos.

Consecuentemente, Cuba continúa avanzando en la implementación de los lineamientos de la política económica y social, en especial en el sector agropecuario, empeñado en perfeccionar el  modelo socialista hacia mayor desarrollo económico y  superiores niveles de productividad.

El 17 de mayo de 1959  fue de jolgorio para  los humildes campesinos y los obreros agrícolas cubanos. Pero la minoría de ricos terratenientes y latifundistas que atesoraban  casi toda  la tierra cultivable experimentó  una pesadilla ante el grito   que estremeció al país: ¡Alégrate hermano, la tierra es  nuestra!

En el sitio donde radicara la Comandancia del  Ejército Rebelde, en La Plata, Sierra Maestra,   Fidel  Castro,  primer ministro de la Revolución triunfante, firmó la primera  Ley de Reforma Agraria que, entre otros beneficios, exoneraba del pago de rentas al 85 por ciento del campesinado, lo que  significaba redistribuir ingresos por unos 300 millones de  pesos (igual al dólar).

Sólo habían transcurrido 136 días desde que el primero enero  de 1959 el pueblo  derrocara  la sangrienta tiranía del  dictador Fulgencio Batista. Esa  fecha  inauguró la etapa de  verdadera independencia nacional en el archipiélago cubano, que posibilitó promulgar e instrumentar numerosas leyes de  beneficio social.

Hasta entonces Cuba presentaba una situación típica de  economía neocolonial, atrasada y dependiente, y los grandes latifundios azucareros y ganaderos absorbían el 75 por ciento   de las tierras que estaban en manos de solo el ocho por ciento  de los propietarios.

El desempleo afectaba a más del 25 por ciento de la fuerza  laboral  disponible y en el llamado tiempo muerto, entre  zafras azucareras, abarcaba a más de 600 mil cubanos.

… Y SE HIZO JUSTICIA

Durante el juicio que organizó la tiranía batistiana para  sancionar a los sobrevivientes de los asaltos a los cuarteles   Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, acciones comandadas  el  26 de julio de 1953 por  Fidel Castro, este, en su alegato   conocido con el nombre de “La Historia me Absolverá”, había  denunciado la situación de desamparo que padecían 500 mil  obreros del campo que habitan en bohíos miserables, que  trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto,  compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una  pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover   más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra (…)  a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren  trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre   tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse  sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas   como siervos feudales una parte de sus productos, que no   pueden amarla ni mejorarla ni embellecerla, plantar un cedro o  un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la  guardia rural a decirles que tienen que irse…(…) el 85% de los pequeños agricultores cubanos están pagando renta, y vive bajo la amenaza perenne del desalojo de  sus parcelas. Más de la mitad de las mejores tierras en  producción están en manos extranjeras. En Oriente que es la  tierra más ancha, las tierras de la United Fruit y la West  Indian unen las costas Norte y Sur. Hay 200 mil familias  campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas  viandas para sus hambrientos hijos, en cambio permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses (…)

La primera Ley de Reforma Agraria adjudicó títulos de  propiedad, que sumaban cinco millones 600 mil hectáreas de  tierra, a los campesinos que no la poseían. Comenzaba así a   hacerse verdadera justicia en la campiña cubana. Pero aún quedaban grandes extensiones ociosas en manos de  terratenientes.

El tres de octubre de 1963  fue dictada la Segunda Ley de  Reforma Agraria, que complementaría el programa de beneficio   al campesinado anunciado por Fidel,  y que de hecho   constituiría la materialización de los anhelos por los que  millares de cubanos habían ofrendado sus preciosas vidas en  los campos de batalla.

Esa legislación daba al traste con las maniobras de elementos manipulados por la Agencia Central de Inteligencia del  Gobierno Norteamericano con propósitos de  desestabilizar y derrocar a la Revolución, y sentaba  premisas indispensables  para el ulterior desarrollo de formas avanzadas de producción y los programas integrales de beneficio social para  las  familias campesinas y de obreros agrícolas.

  COOPERATIVAS Y NIVEL DE VIDA

Los títulos de propiedad de la tierra fueron entregados sin  ningún tipo de condición y sobre la base de respetar el  principio de  voluntariedad individual de cada uno de los  campesinos beneficiados.

Con el decursar del tiempo para los propios campesinos se  tornó evidente que las formas de producción conjuntas  brindaban muchas más posibilidades de desarrollo social y  rentabilidad económica.  Surgieron así las   Cooperativas de  Producción Agropecuaria (CPA), especialmente en la década de  los 70 del siglo anterior.

En ellas,  varios propietarios unen sus tierras y otros medios  de producción, luego de evaluar sus respectivos  aportes, que  les son  reintegrados con parte de las ganancias anuales de  la CPA.

Resultados palpables de esa práctica demuestran la certeza de  la iniciativa, que permitió, además, el fomento de modernas  comunidades agrarias con viviendas confortables, escuelas y  diversos establecimientos de servicio social y cultural, que  de conjunto han contribuido a elevar sustancialmente el nivel de vida de la familia campesina.

También se crearon Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS),  caracterizadas porque sus integrantes aprovechan de conjunto  equipos, medios de financiamiento y servicios técnicos y  agropecuarios, pero conservan la propiedad individual de sus  tierras, conforme a su voluntad.

Más tarde, ante imperativos económicos que aconsejaban  descentralizar la producción de numerosas empresas estatales  agropecuarias, estas cedieron en usufructo gratuito a los  trabajadores alrededor de dos millones 800 mil hectáreas para  crear Unidades Básicas de Producción Cooperativas (UBPC).

En ese tipo de organización los obreros amortizan  progresivamente el valor de  equipos,  medios de labranza y  rebaños para el desarrollo pecuario, así como servicios  agrotécnicos. En las UBPC, al igual que en las CPA,  sus  asociados son beneficiarios colectivos de la producción que  obtienen.

Cientos de  miles labradores y ganaderos están integrados en la (ANAP). El sector  cooperativo-campesino posee aproximadamente el 30 por ciento  de las tierras cultivables y recibe igual los beneficios   científico y técnicos. Ellos son los principales aportadores  de la producción de tabaco, café y miel para la exportación.

Más del 98% de las cooperativas están electrificadas; el   ciento por ciento dispone de la atención in situ por parte de  médicos de la familia y en ellas  se han construido millares de  viviendas.

Ese campesinado muestra un promedio de nivel de enseñanza  superior al noveno grado. Millares de socios son jóvenes  graduados como técnicos de nivel medio en agronomía,  veterinaria, mecanización, economía, riego y otras  especialidades, y unos dos mil 500  cooperativistas poseen  nivel  universitario.

A lo largo de los 60 años transcurridos desde aquella   histórica firma de la primera Ley de Reforma Agraria, los  hombres del campo, al igual que los cubanos todos, han recibido el mayor de los beneficios: la libertad y la soberanía, el justo sentimiento de ser y sentirse personas con   todos los derechos, incluidos los de desempeñar las más altas   posiciones dentro del Parlamento, la dirección del Estado, el  Partido y todas las organizaciones sociales, políticas y  profesionales activas en el país.

Al grito aquel de “¡Alégrate hermano, la tierra es nuestra!”,  por mandato de la historia forjada  con la labor cotidiana de  los hijos, hoy se une la certeza de que la patria soberana  pertenece a todos por igual.

En la actualidad, con la entrega de millares de hectáreas de  tierra en calidad de usufructo a nuevos agricultores, que se  suman a la producción de alimentos, el país sigue dando pasos de  avance en el sector agropecuario, empeñado en perfeccionar el  modelo socialista hacia mayor desarrollo económico y  superiores niveles de productividad.

  Día del Campesino

El 17 de Mayo de 1946 fue  asesinado el campesino Niceto Pérez   García en la  zona realenga de El Vínculo, en Guantánamo  –oriente de Cuba–, por oponerse a entregar su pedazo de  tierra a latifundistas que contaban con la anuencia del  gobierno sometido a intereses hegemónicos.

Aquel vil asesinado conmocionó a la ciudadanía  y en especial  tuvo gran repercusión en la conciencia campesina.

En 1949  asociaciones agrarias y la Federación Estudiantil Universitaria instituyeron el 17 de mayo  como el Día del  Campesino, en homenaje al mártir Niceto Pérez.

En aquella época más del 70 por ciento de las tierras cubanas   habían sido “legalmente” acaparadas por latifundistas, como  mostraba el censo agrario de 1945. Esa geofagia continuaría  expandiéndose y siete años más tardes el índice de acaparamiento de la tierra llegaba al 87 por ciento, lo que  evidenciaba la falta de justicia en el más sufrido sector de  la económica nacional: mientras los campos permanecían ociosos  en poder de los amos, los humildes cubanos deambulaban con sus  familias por guardarrayas.

En plena Sierra Maestra, cuando se libraba la lucha  insurreccional contra la tiranía batistiana pro imperialista,  el 21 de septiembre de 1958, en las zonas liberadas del II Frente que dirigía el entonces comandante Raúl Castro, se  llevo a efecto el Congreso Campesino en Armas.

Alrededor del 80 por ciento de la población del país vivía en  áreas rurales, más de 200 mil agrarios carecían de tierra y  los 400 mil obreros agrícolas solo trabajaban una parte del   año; el 42 por ciento de los hombres y mujeres del campo  eran   analfabetos. El escenario estaba listo para que poco después  Cuba estrenara el triunfo revolucionario el primero de enero  de 1959 y  transformara la situación socioeconómica del campo,  implantando medidas legales de plena justicia social. Fue un  homenaje real y perdurable a aquel campesino valiente que se  nombra Niceto Pérez.

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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