Martes , 3 diciembre 2019
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Camilo, memoria renovada en generaciones de cubanos

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Camilo_CienfuegosA través de varias generaciones de cubanos,  el inolvidable recuerdo de la personalidad y la obra del Comandante guerrillero Camilo Cienfuegos ha seguido vivo en la memoria, y cada 28 de octubre el pueblo cumple el bello ritual de llevarle flores a este hombre bueno hasta su morada final: el mar.

Es acto de amor que engrandece a adultos y a niños, estos los más alegres en una paradójica jornada, pues,  aunque conmemora  la desaparición del Héroe, no lo hace con lágrimas, sino con sonrisas, anécdotas y sobre todo con el qué y los por qué de los más pequeños, aquellos de los que Martí dijo, “son los que saben querer”.

Inolvidables son las anécdotas que se cuentan de Camilo en su andar por la Sierra Maestra, en su relación de amistad sincera con el guerrillero Che Guevara, en la sinceridad de su hablar llano cuando dialoga con Fidel Castro, en su carismática sonrisa prendida siempre en los labios para confraternizar con su pueblo.

La humilde extracción social de Camilo, sastre de oficio, su temperamento jovial  ganaban amigos desde el primer  encuentro, y lo convirtieron desde muy temprano en uno de los más carismáticos dirigentes de la Revolución Cubana.

Nació Camilo en la Ciudad de La Habana, el seis de febrero de 1932, y desde

muy joven comprendió que el entorno de la pseudo república no le ofrecía porvenir

alguno, por eso viajó a la ciudad de Nueva York con solo 21 años de edad, en

busca de mejores oportunidades económicas para su familia.

Pero el ambiente que el joven emigrante  encontró  en la Gran  Manzana muy

pronto lo convenció de que la situación social que afrontaba en su patria exigía

acciones  que fueran más allá de intentar esfuerzos individuales para

sobrevivir.

Se trataba de un problema de todos, y como tal había que afrontarlo, con el

concurso  de muchos, unidos en  una causa cuya materialización fuera capaz de

revertir la explotación  a que eran sometidos los obreros y campesinos y

alcanzar un sistema político de verdadera justicia social.

En 1955, Camilo fue detenido y deportado a Cuba.  De retorno a la patria se

incorporó a las luchas estudiantiles y resultó herido en una manifestación de

protesta.

Preso,  torturado y fichado por los sicarios del régimen dictatorial, el joven

rebelde  tuvo que retomar el camino del exilio  en Nueva York hasta que allí

supo del proyecto que encabezaba el líder cubano Fidel Castro, encaminado a

organizar una expedición armada en México con el propósito de desembarcar en

Cuba y emprender la lucha insurreccional contra la dictadura.

Aquella iniciativa entusiasmó a Camilo, pues encajaba en sus ideales, u de

inmediato partió para integrarse como uno más de los 82  expedicionarios del

yate Granma, que el dos de diciembre de 1956 desembarcara en las costas cubanas.

El valor y la audacia de Camilo fueron factores claves en su desenvolvimiento

guerrillero en la Sierra Maestra para  cumplir misiones decisivas en el

desarrollo de la guerra, y en abril de 1858 fue ascendido al grado de

Comandante, el más alto de la guerrilla.

Por órdenes de Fidel Castro, junto al también comandante Ernesto Che Guevara,

Camilo emprendió la invasión desde Oriente hasta Occidente para llevar la guerra

a los llanos.

El tres de octubre, al frente de su columna guerrillera numero dos Antonio

Maceo, arribó Camilo a la provincia de Las Villas. Aquí participó en  combates

decisivos para el ulterior curso de la guerra,  y  su valor ejemplar hizo que el

pueblo espontáneamente le otorgara el título honorífico de Héroe de Yaguajay,

localidad que ocupó tras duros combates.

Amigo inseparable de Che Guevara, Camilo tuvo el privilegio de recibir altos

elogios de este, que no se caracterizaba precisamente por prodigar adjetivos.

Che lo llamó El Señor de la Vanguardia, en reconocimiento al arrojo impetuoso,

característico de aquel al que  consideraba su hermano de armas.

Tras el triunfo armado de la Revolución, Camilo  fue nombrado Jefe del Estado

Mayor del Ejército Rebelde y desempeñó tareas muy importantes durante los 10

primeros meses de 1959.

El 28 de octubre, después de cumplir la  misión  encomendada por Fidel de

neutralizar y arrestar en Camagüey al traidor Hubert Matos, la avioneta en la

que retornaba Camilo a La Habana desapareció durante el mal tiempo  sin dejar

rastros.

Las horas que siguieron a la noticia fueron de gran tensión para los cubanos.

Todos anhelaban  que Camilo apareciera. Pero los esfuerzos fueron inútiles. El

Guerrillero de la sonrisa hermosa,  símbolo del pueblo uniformado, se perdió en

el mar y fue a morar eternamente en  el recuerdo agradecido de su pueblo, allí

donde habitan los que tienen el raro privilegio de ser inmortales.

Este año 2017 se cumple el aniversario 57 de aquel suceso que consternó a

todos los cubanos.

Desde entonces, cada final de octubre el litoral florece, y también ríos,

arroyos, presas y lagunas, dondequiera que una corriente de agua recuerde el

eterno fluir de la vida, se verán ese día  pétalos multicolores como expresión

del cariño del pueblo.

En especial los niños suelen ser los primeros en acudir a rendirle  homenaje a

Camilo,  un hombre bueno, a quien aprendieron a querer a través de la tradición

oral de sus mayores, en las páginas de la historia, y en los retratos donde,

mirando de frente y a los ojos, Camilo desnuda  toda la ternura y sencillez que

tipifica al verdadero hombre de pueblo.

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

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Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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