A través de varias generaciones de cubanos, el inolvidable recuerdo de la personalidad y la obra del Comandante guerrillero Camilo Cienfuegos ha seguido vivo en la memoria, y cada 28 de octubre el pueblo cumple el bello ritual de llevarle flores a este hombre bueno hasta su morada final: el mar.
Es acto de amor que engrandece a adultos y a niños, estos los más alegres en una paradójica jornada, pues, aunque conmemora la desaparición del Héroe, no lo hace con lágrimas, sino con sonrisas, anécdotas y sobre todo con el qué y los por qué de los más pequeños, aquellos de los que Martí dijo, “son los que saben querer”.
Inolvidables son las anécdotas que se cuentan de Camilo en su andar por la Sierra Maestra, en su relación de amistad sincera con el guerrillero Che Guevara, en la sinceridad de su hablar llano cuando dialoga con Fidel Castro, en su carismática sonrisa prendida siempre en los labios para confraternizar con su pueblo.
La humilde extracción social de Camilo, sastre de oficio, su temperamento jovial ganaban amigos desde el primer encuentro, y lo convirtieron desde muy temprano en uno de los más carismáticos dirigentes de la Revolución Cubana.
Nació Camilo en la Ciudad de La Habana, el seis de febrero de 1932, y desde
muy joven comprendió que el entorno de la pseudo república no le ofrecía porvenir
alguno, por eso viajó a la ciudad de Nueva York con solo 21 años de edad, en
busca de mejores oportunidades económicas para su familia.
Pero el ambiente que el joven emigrante encontró en la Gran Manzana muy
pronto lo convenció de que la situación social que afrontaba en su patria exigía
acciones que fueran más allá de intentar esfuerzos individuales para
sobrevivir.
Se trataba de un problema de todos, y como tal había que afrontarlo, con el
concurso de muchos, unidos en una causa cuya materialización fuera capaz de
revertir la explotación a que eran sometidos los obreros y campesinos y
alcanzar un sistema político de verdadera justicia social.
En 1955, Camilo fue detenido y deportado a Cuba. De retorno a la patria se
incorporó a las luchas estudiantiles y resultó herido en una manifestación de
protesta.
Preso, torturado y fichado por los sicarios del régimen dictatorial, el joven
rebelde tuvo que retomar el camino del exilio en Nueva York hasta que allí
supo del proyecto que encabezaba el líder cubano Fidel Castro, encaminado a
organizar una expedición armada en México con el propósito de desembarcar en
Cuba y emprender la lucha insurreccional contra la dictadura.
Aquella iniciativa entusiasmó a Camilo, pues encajaba en sus ideales, u de
inmediato partió para integrarse como uno más de los 82 expedicionarios del
yate Granma, que el dos de diciembre de 1956 desembarcara en las costas cubanas.
El valor y la audacia de Camilo fueron factores claves en su desenvolvimiento
guerrillero en la Sierra Maestra para cumplir misiones decisivas en el
desarrollo de la guerra, y en abril de 1858 fue ascendido al grado de
Comandante, el más alto de la guerrilla.
Por órdenes de Fidel Castro, junto al también comandante Ernesto Che Guevara,
Camilo emprendió la invasión desde Oriente hasta Occidente para llevar la guerra
a los llanos.
El tres de octubre, al frente de su columna guerrillera numero dos Antonio
Maceo, arribó Camilo a la provincia de Las Villas. Aquí participó en combates
decisivos para el ulterior curso de la guerra, y su valor ejemplar hizo que el
pueblo espontáneamente le otorgara el título honorífico de Héroe de Yaguajay,
localidad que ocupó tras duros combates.
Amigo inseparable de Che Guevara, Camilo tuvo el privilegio de recibir altos
elogios de este, que no se caracterizaba precisamente por prodigar adjetivos.
Che lo llamó El Señor de la Vanguardia, en reconocimiento al arrojo impetuoso,
característico de aquel al que consideraba su hermano de armas.
Tras el triunfo armado de la Revolución, Camilo fue nombrado Jefe del Estado
Mayor del Ejército Rebelde y desempeñó tareas muy importantes durante los 10
primeros meses de 1959.
El 28 de octubre, después de cumplir la misión encomendada por Fidel de
neutralizar y arrestar en Camagüey al traidor Hubert Matos, la avioneta en la
que retornaba Camilo a La Habana desapareció durante el mal tiempo sin dejar
rastros.
Las horas que siguieron a la noticia fueron de gran tensión para los cubanos.
Todos anhelaban que Camilo apareciera. Pero los esfuerzos fueron inútiles. El
Guerrillero de la sonrisa hermosa, símbolo del pueblo uniformado, se perdió en
el mar y fue a morar eternamente en el recuerdo agradecido de su pueblo, allí
donde habitan los que tienen el raro privilegio de ser inmortales.
Este año 2017 se cumple el aniversario 57 de aquel suceso que consternó a
todos los cubanos.
Desde entonces, cada final de octubre el litoral florece, y también ríos,
arroyos, presas y lagunas, dondequiera que una corriente de agua recuerde el
eterno fluir de la vida, se verán ese día pétalos multicolores como expresión
del cariño del pueblo.
En especial los niños suelen ser los primeros en acudir a rendirle homenaje a
Camilo, un hombre bueno, a quien aprendieron a querer a través de la tradición
oral de sus mayores, en las páginas de la historia, y en los retratos donde,
mirando de frente y a los ojos, Camilo desnuda toda la ternura y sencillez que
tipifica al verdadero hombre de pueblo.
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