Domingo , 24 noviembre 2019
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Un coloso de hierro símbolo de Matanzas celebró 140 años

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Uno de los símbolos arquitectónicos más característicos de la ciudad de Matanzas celebró este 4 de noviembre sus 140 años. Un coloso de hierro y cantería, que pese a los años y el desgaste, aún permite el paso desde el populoso barrio de Versalles al centro de la ciudad: el puente José Lacret Morlot, o de La Concordia.

Su artífice, el prolífico asturiano Pedro Celestino del Pandal, descargó en él todo su ingenio, posibilitando que en pleno siglo XXI muchas generaciones de matanceros disfrutemos de esta magnífica obra.

UN POCO DE HISTORIA

De acuerdo con Ramón Recondo y Luis González Arestuche en su libro «Puentes de Matanzas», a partir del primero de febrero de 1875 se iniciaron los trabajos en el puente con el encauzamiento del río y la hinca de pilotes, que se termina al cierre de 1876. En total la cimentación se alcanzó con 376 pilotes de júcaro de 11 y 16 varas de largo, traídos desde Santo Domingo, en Las Villas.

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Puente La Concordia, después de su inauguración en 1878.

Según los especialistas, las obras, mucho antes de su inicio y hasta su terminación, estuvieron retrasadas a causa de los trámites engorrosos, los mecanismos burocráticos y la desidia que soportó Pandal por aquellos tiempos.

Toda la estructura metálica del Lacret Morlot fue encargada a José Pesant, comerciante con residencia en Nueva York, la cual arribaría al puerto de la ciudad de Matanzas el 14 febrero 1877, no obstante, el montaje se realizó casi un año después, el 8 de marzo de 1878.

El costo del puente el 31 de marzo de 1877 sobrepasaba ya el presupuesto reformado que era de 103 927 pesos oro, por lo que se aprueba uno adicional por 33 551, a solicitud de Pandal, quien tuvo absoluta razón cuando estimó que las obras costarían más de 100 000 pesos oro. El primer presupuesto desde la etapa del anteproyecto –con lógicos imprevistos como la falta de experiencias para este tipo de obra, al ser el primer puente de hierro en Cuba–, fue de 137 498,25 pesos oro. Al final, El presupuesto real de la obra fue de 175 873,46 pesos oro. El desglose consideraba materiales, jornales de los obreros y gastos de oficina.

El texto abunda en que las actividades para la inauguración del puente se iniciaron el 3 de noviembre de 1878, a las 5 de la mañana, con la diana que las anunciaba. Una banda de música acompañada de soldados y paisanos, recorrió las principales calles de la ciudad, junto a una guarnición con trompetas y tambores.

A la mañana del día siguiente, 4 de noviembre (Festividad del Santo Patrono de la ciudad), tropas de las tres armas del ejército regular se disgregaron desde el Palacio Municipal hasta la Estación de Ferrocarril de Sabanilla, en espera de Arsenio Martínez Campos, Capitán General de la Isla, quien fue recibido en el Ayuntamiento por José Pascual de Bonanza, gobernador político y militar de la provincia. Desde uno de los balcones de la edificación, ambos dignatarios observaron el desfile de las tropas por la Plaza de Armas y más tarde se celebró la recepción oficial.

En la tarde, Martínez Campos declaraba –ante la concurrencia allí reunida– abierto el puente al público. Después se efectúa un recorrido a pie por la calle de Oña (hoy Plácido) hasta el Paseo de María Cristina (hoy Paseo de Martí) en la barriada de Versalles y más tarde, se dirigieron a la Parroquial Mayor para asistir al Salve, bajo los acordes de la famosa orquesta de Torroella.

ORIGEN DEL NOMBRE

De acuerdo con el libro de Recondo y Arestuche, un mes antes de la inauguración del viaducto, el licenciado Carlos Ortiz Coffigny, regidor síndico suplente, propuso el nombre de La Concordia, pues se concluía en los momentos que se negociaba la paz del Zanjón en Cuba, protagonizada, además, por Martínez Campos.

En realidad, la obra se terminó completamente el 21 de diciembre de 1878. Con el advenimiento de la República, en 1902, el puente fue rebautizado como general Lacret Morlot, en honor al incansable luchador de las gestas libertarias frente al dominio colonial español. Y ese es el nombre oficial que ha perdurado hasta hoy. No obstante, la tradición popular yumurina se niega a la parcialidad, e indistintamente le llaman La Concordia o Lacret Morlot.

UNA MIRADA DESDE LA ARQUITECTURA

Desde la experiencia de los profesores, reflejada en «Los Puentes de Matanzas», esta obra ingeniera, una de los más hermosas de la ciudad de Matanzas, se nos presenta con nueve cerchas de hierro dulce que describen un arco escarzano de 36 metros de luz, apoyadas en estribos cerrados de cantería. Su diseño, aunque de menor dimensión, recuerda el puente Triana (1852) en Sevilla, proyecto de Gustavo Eiffel.

Esta obra ingeniera no ha sufrido transformaciones que hayan variado su tipología desde su inauguración. En junio de 1899, al contar con 21 años, el ingeniero municipal Emilio Domínguez Gener, denunció el mal estado en que la estructura se encontraba, al advertir desgastes en el piso de piedra, así como también muestras de corrosión y falta de pintura en la armadura.

No fue hasta el año 1906 que se reparó el pavimento, además de pintarse todos los elementos metálicos. A los 32 años de construido el puente, en 1910, se le ensancharon sus aceras a expensas de reducir el ancho de la calzada para la circulación de vehículos. Una crónica del año 1943, de la revista del Patronato Pro-calles de Matanzas, denunciaba el estado de abandono que presentaba “la desteñida Concordia del 78” 18 pronunciándose por arreglos para salvar de la ruina al puente que tantos miles de pesos costó a Matanzas.

Más tarde, en 1946, ante las exigencias del tráfico, se decide incrementar su ancho total a partir del ligero desplazamiento de sus dos vigas extremas para la colocación de una novena hacia el lado de la bahía. Esta adaptación obligó a eliminar las escaleras laterales. Entonces desaparecieron las 16 lámparas que pendían desde las columnas, así como los candelabros de tres luminarias para la parte central del frente.

A lo largo de su vida útil se han ejecutado no pocas acciones de conservación. La realizada en el año 2000, tuvo como objetivo rehabilitar las aceras –como parte más dañada–, e inyectar morteros especiales en las grietas presentes en los muros. Quedó pendiente por esta vez, recolocar los elementos ornamentales y protectores de las aceras, así como la reparación de las fisuras en los muros de las márgenes y la retirada de la vegetación parásita existente.

Este puente se encuentra en un ambiente sumamente agresivo, a 60 metros de la desembocadura del río Yumurí en la bahía, y el aerosol marino incide de manera directa sobre las estructuras metálicas. Por otra parte, al estar sometido a la circulación de vehículos que sobrepasan las cargas permisibles por ejes en su diseño original, se manifiestan patologías que pueden mitigarse con la reducción de la capacidad de los vehículos que por él transitan.

A MODO DE EPÍLOGO

Hace casi 70 años, el reconocido historiador José Antonio Treserra hizo referencia a la belleza de las cuatro columnas del puente de La Concordia, y vaticinó, a su vez, que se convertirían en símbolo de la Atenas de Cuba, tal y como pasa en la actualidad.

Treserra destacaba que “… en los fustes de las cuatro columnas monumentales que coronan los estribos de la recia sillería, encuentran expresión, hábilmente combinados, los órdenes clásicos de las arquitecturas griega y romana, mientras en los capiteles campea la feliz creación del arquitecto…”

Hoy, artísticas réplicas de las columnas a escala artesanal son obsequiadas a personalidades sobresalientes cuando se desea distinguir a su contribución al desarrollo del territorio matancero.

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Acerca de Gabriel Torres Rodríguez

Periodista. Especialista en Marketing Digital y editor web de la Editora Girón

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