“Cuando las negligencias logran detectarse a tiempo, pueden impedirse los daños a la economía y además salvar a los cuadros de caer en actuaciones denigrantes que pudieran derivar en hechos de corrupción”. La cita corresponde a Gladys Bejerano, Contralora General de la República.
La también Miembro del Consejo de Estado ha precisado que urge mayor efectividad de las acciones de control interno, en especial de quienes dirigen, que son los máximos responsables de la preservación de los recursos del Estado, porque muchísimas veces ocurre que debe venir una inspección o auditoría externa a detectar lo que resultaba evidente.
A esa intención debe unirse la necesidad de lograr mayor cohesión en la actuación de la Fiscalía, los Tribunales, la Contraloría y el Minint en el enfrentamiento a los hechos de ilegalidad, en Matanzas y en todo el país.
En estos días se desarrolla una comprobación integral al control interno, gestión que anualmente se lleva a cabo en toda la isla por parte de profesionales del ramo con el apoyo de estudiantes universitarios.
Vale la pena recordar que entre las misiones de los auditores destaca la prevención de hechos delictivos.
Un auditor debe repasar los registros contables sobre la base de los comprobantes que les dieron origen, reconstruir la historia de la contabilidad de un centro de trabajo, detectar errores e identificar sus causas, recomendar las enmiendas, corregir saldos con apego a la realidad e informar a los empresarios y autoridades competentes, sin olvidar la situación del control interno, la ejecución de normas, leyes y resoluciones vigentes.
En toda esta etapa de trabajo el auditor tiene la misión esencial de alertar sobre las debilidades del control que faciliten actos ilegales.
No basta con lo que en términos coloquiales solemos llamar “la autopsia”, es decir, verificar las causas de los problemas, las pérdidas y otras consecuencias del descontrol. Lo esencial es precaver que no se cometan fallos, cerrar a tiempo las rendijas por donde pueden escaparse los recursos y contribuir a evitar delitos, ya sean de carácter físico, como robos y hurtos, o de los llamados de “cuello blanco”, es decir, los fraudes que se originan en anotaciones contables indebidas, desvíos de dinero, apropiación inadecuada de fondos mercantiles y de activos fijos (equipos, inmuebles, vehículos, y de otros hechos), que se intenta encubrir manipulando registros contables.
Regresemos a la cita que encabeza este comentario: “Cuando las negligencias logran detectarse a tiempo, pueden impedirse los daños a la economía y además salvar a los cuadros de caer en actuaciones denigrantes que pudieran derivar en hechos de corrupción”.
De eso se trata.
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