Martes , 3 diciembre 2019
Es Noticia

Escándalo: Che Guevara, el guerrillero, preside el Banco Nacional de Cuba

Comparte:

El Comandante Ernesto Che Guevara, toma posesión de su cargo de Presidente del Banco Nacional de Cuba. De izquierda a derecha, Pepín Naranjo, Osmani Cienfuegos,Osvaldo Dorticós, Rolando Díaz Aztaraín, Felipe Pazos, Enrique Oltuski, y Faustiono Pérez.
Publicada: 25/11/2004

El 26 de noviembre de 1959 la embajada estadounidense en La Habana amaneció revuelta con el increíble anuncio de que Ernesto Che Guevara, el argentino Comandante de la Sierra Maestra, había sido nombrado nada más y nada menos que presidente del Banco Nacional de Cuba (BNC).

En círculos bancarios y financieros internacionales la noticia fue tomada con escepticismo. En Cuba la gente de pueblo estaba alegre. Ya Che Guevara se había ganado la merecida fama de persona honrada, exigente y aplicada.

Cuarenta y cuatro años después del suceso,  el Comandante en Jefe Fidel Castro develó algunas incógnitas al pronunciar un discurso en  la Facultad de Derecho de Buenos  Aires, la capital de Argentina, durante un periplo sudamericano, el 26 de mayo del 2003. Dijo Fidel: “Los enemigos bromeaban, siempre bromean; pero la broma, que tenía  una intención política, se refería a que un día yo  había dicho: hace falta un economista. Pero desde entonces se  habían confundido y creyeron que yo decía que hacía falta un comunista, y es por eso que había ido el Che.  Pero el Che  era un comunista y era un excelente economista. Ser economista excelente depende de la idea de lo que quiera hacer  quien  dirige un frente de la economía del país, y quien   dirige el frente del Banco Nacional de Cuba; así, en su doble  carácter de comunista y economista”, destacó Fidel.

Recordemos: Cuando Che asume la presidencia del BNC, habían transcurrido  apenas 11 meses del triunfo insurreccional, la  dirección del país había implementado leyes trascendentales,  de amplio beneficio popular, que provocaban la ira de las oligarquías  externas, y de sus servidores domésticos, al  tiempo que los  tecnócratas intentaban frenar la radicalización del proceso.

En ese momento, Che dirigía el Departamento de Industrialización del Instituto de Reforma Agraria, y  desempeñaba otras funciones en el  Ejército Rebelde, pero no vaciló en aceptar la responsabilidad.

Primaba la comprensión de que el BNC era   arteria  vital por la que circulaban las finanzas de la nación, en primer  lugar la disponibilidad y el manejo de las divisas, en un contexto  en el que participaban directivos de  la banca privada, quienes por  ello estaban en conocimiento de  los proyectos que involucraran  inversiones, créditos, pagos y  cobros.

Las arcas del Estado cubano habían sido saqueadas en la  estampida de  los batistianos a la caída del régimen —424 millones de dólares se  llevaron para Estados Unidos— y de ninguna manera podía permitirse  que las pocas divisas  convertibles disponibles se fugaran al  exterior, y que  funcionarios serviles impidieran la instrumentación  de  disposiciones revolucionarias.

Esa realidad caracterizaba el clima que se vivía en Cuba,  cuando técnicos y especialistas se marchaban del país,  deslumbrados por la  política de desestabilización  implementada por el gobierno de  Estados Unidos a través de  intencionadas ofertas monetarias y facilidades migratorias.

Fue menester recurrir a los pocos cuadros revolucionarios de  mayor  instrucción, salidos del propio Ejército Rebelde, de  organizaciones que habían participado en la lucha contra la  dictadura, y de los  sindicatos, para fundar una emergente  Escuela de Administración de Industrias, e invocar el ingenio  creador de obreros y campesinos  para salir adelante.

La designación de Che provocó la irritación en círculos  injerencistas del gobierno estadounidense y en las filas de la  contrarrevolución que aupaba.

Cuando Guevara plasmó su escueta firma, Che, en la toma de posesión,  y más tarde rubricó igualmente los primeros  billetes emitidos por el Banco, la reacción pretendió condenar  a la hoguera al comunista  declarado y al economista activo.

Corrieron los adinerados a cerrar sus cuentas bancarias y a   extraer  los “papeles”, como apuntó Fidel el 15 de diciembre  de 1959, ante una plenaria nacional de trabajadores   azucareros, ocasión en la que  dejó entrever la posibilidad de  un cambio de moneda, ocurrido al año  siguiente para un rudo  golpe a los planes de la contrarrevolución.

En el referido discurso, el Jefe de la Revolución fue  categórico al  expresar: “Para que nadie se llame a engaño, el  Che no está ahí para  hacer ninguna barbaridad, el Che está  ahí igual que cuando lo mandamos a Las Villas a impedir que  pasaran las tropas enemigas  hacia Oriente; lo he mandado al  Banco Nacional a impedir que se             vayan las divisas  y para que el parque que tenemos en divisas pues se invierta correctamente.”

En realidad, el Che no era un improvisado, porque poseía amplia  cultura general, era lector infatigable y crítico,  había profundizado el estudio del marxismo, en particular las  obras  clásicas de Marx y Lenin, y sobre todo poseía una  voluntad política férrea, que le permitía incorporar nuevos  conocimientos sobre la  base de la aplicación constante.

Lo demuestran sus análisis sobre la economía capitalista y del llamado socialismo real, en la antigua Unión Soviética y  países de  Europa del este, y la fundamentación de sus tesis,  críticas y anticipadoras del naufragio de aquel modelo.

Por cierto, sobre su escueta firma que luego aparecerían en   los  nuevos billetes, Luis M. Bach, entonces Ministro de la  Presidencia y Secretario del Consejo de Ministros, narra en su  libro Gobierno  Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos que “En la ocasión de tomar posesión el doctor Ernesto  Guevara de la Serna como  presidente del Banco Nacional de  Cuba, firmó el documento de  juramentación con su  inconfundible Che. Yo le objeté, en voz baja, que debía firmar  con su nombre completo, pero él insistió en firmar  así. El  presidente Dorticós se percató de la situación, y nos   preguntó: ¿Qué ocurre?

“Le expliqué que el doctor Guevara estaba firmando como Che y  no como Ernesto Guevara de la Serna, que era su nombre. Sin  esperar un  segundo, Che replicó, secamente: Cada uno firma  como quiere.

“Nos quedamos callados. Así quedó registrada primariamente la  sencilla y legible firma con que se defendería con celo  insuperable  las finanzas del país y que, en el cambio de la  moneda de 1961, rompería la espina dorsal a la economía de la contrarrevolución  cubana”.

El paso breve pero fecundo de Che Guevara al frente del Banco  Nacional de Cuba es otra de las muchas páginas brillantes  legadas  por quien pasaría a la inmortalidad con el nombre  venerado de Guerrillero Heroico.

La honestidad y el desinterés total de aquel hombre que  decidió por el sacerdocio revolucionario y entregó  su vida en Bolivia, luchando por la dignidad plena del hombre, de cualquier hombre del mundo, sigue impactando  a 59 años de aquel inusual nombramiento, cuando nos hayamos a las puertas del aniversario 60 del triunfo de la Revolución cubana, acontecimiento del que Che sigue siendo  protagonista de primera fila y referente indispensable de honestidad en los tiempos actuales.

 

 

 

 

 

Acerca de Roberto Pérez Betancourt

mm
Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Scroll To Top