Concluye agosto, nos adentramos en la etapa pico de los ciclones en el Caribe y las precipitaciones deben seguir beneficiando la agricultura y los mantos freáticos, al tiempo que la entrada de septiembre alerta a los ganaderos sobre la necesidad de preservar los excedentes de alimentos verdes y residuos de cosechas, mediante técnicas de ensilaje y otras prácticas que permitirán disponer de lo que ahora abunda para cuando escaseen los pastos y los forrajes.
De esa manera, el ganado herbívoro, en particular el bovino, podría disponer de raciones de alimentos para afrontar la temporada de sequía, que se inicia a mediados de noviembre, a fin de amortiguar los efectos negativos de la escasez de lluvias sobre los pastizales, que suelen apreciarse en la merma de la alimentación y por ende del rendimiento productivo y la reproducción en las diferentes especies.
Todo esto significa que la campaña de alimentación anual necesita atención esmerada y ocupación práctica con suficiente tiempo, experiencia que los más experimentados trabajadores de la ganadería repiten cada año como la fórmula que les permite cuidar a sus animales y evitar muertes por desnutrición, habida cuenta se sabe que cuando la sequía se prolonga y no se dispone de piensos importados, la merma de los pastos hace sentir su rigor en la masa ganadera.
Este trabajo incluye aprovechar al máximo las áreas de forraje, las plantas proteicas y los derivados de la agroindustria azucarera: cachaza, miel urea, bagacillo-miel urea y bloques multinutricionales para elevar la supervivencia del rebaño vacuno, ovino-caprino, búfalos y équidos, en el período noviembre-junio.
En este panorama no se puede olvidar que los animales también necesitarán beber agua y se requiere disponer con tiempo los medios de transporte y acarreo necesarios para que el líquido vital no falte en cuartones y sitios de estabulación. (TVY)(30/08/16)
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