martes , 27 octubre 2020

Sobrevivió y seguirá besando al mundo

Conmovida por el recuerdo, Nayivis Parra Osa, médico general integral de la ciudad de Matanzas, y sobreviviente a la COVID-19, rememora entre lágrimas una llamada telefónica de su pequeño de 8 años:

“-Mamá, te enfermaste por no quedarte en casa conmigo-. ¡Qué dolor! Cómo explicarle que no podía quedarme en casa con él porque de mi trabajo dependía la salud de muchas personas. Sé que en un futuro será una enseñanza y aprenderá a tenerle amor a la profesión y a enfrentar las dificultades a pesar de los riesgos.

Recuperada de la COVID-19, Nayivis se reincorpora a sus labores

En el consultorio 113 de la localidad de Peñas Altas, rodeada de pacientes y colegas de trabajo, Nayivi accede amablemente a compartir con los presentes su historia:

“Yo atendía un centro de deambulantes que provisionalmente abrió en mi comunidad para proteger a estas personas del contagio con la enfermedad. Algunos no tenían percepción del riesgo al que podían exponerse y debíamos estar pendientes de que usaran el nasobuco, mantuvieran el distanciamiento social y evitar su salida de la instalación. Uno de ellos dio positivo y yo era su contacto”.

Cuando te confirmaron como portadora del virus ¿cuál fue tu primer pensamiento?

“Mi familia, mi hijo. Solo pensaba en mi pequeño. Fueron días de llanto inconsolable ante la posibilidad de haberlos contagiado. Mi esposo y él estuvieron una semana en un centro de aislamiento y finalmente recuperé la paz y esperanza cuando supe que el PCR resultó negativo. También fueron negativos más de 70 contactos, entre ellos mis compañeros de trabajo, los estudiantes de medicina encargados de las pesquisas diarias y mis pacientes, como embarazadas, niños pequeños y encamados.

¿Qué experimentaste físicamente?

“Estuve hospitalizada durante 15 días bajo un tratamiento muy fuerte e igualmente indispensable para evitar pasar al estado grave o crítico. El interferón cubano, por ejemplo, es maravilloso, pero provoca efectos adversos. Se indica dos o tres veces por semana hasta completar las doce dosis.  Yo tuve reacciones como fiebre elevada, malestar general, náuseas, deseos de vomitar y dificultad para ingerir alimentos. Estos síntomas duran de dos a tres horas aproximadamente”.

Muchos sobrevivientes afirman que el impacto emocional es desgarrador. ¿Es cierto?

“Sí. Para mí fue la parte más difícil. Me invadió la tristeza por la separación de la familia, el miedo y la culpa. Mis colegas cercanos me llamaban desde el centro de aislamiento para alentarme, para que no me sintiera culpable, -ese es el riesgo de nuestra profesión- decían.  Estaban pendientes de mi niño y me transmitían confianza en que todos saldrían de allí negativos y así fue.

Lamentablemente, no siempre los finales son felices. Yo vi pacientes que entraron a la sala de terapia y no salieron con vida. Sientes muy cerca el peligro de la muerte y eso te afecta psicológicamente”.

A pesar de estar lejos de los seres queridos afirma que nunca se sintió sola y encontró en el apoyo de sus amados, conocidos y hasta desconocidos, la fuerza necesaria para superar la enfermedad. A todos agradece las muestras de solidaridad y cariño, en especial al colectivo del hospital Mario Muñoz Monroy de Matanzas.

“El personal médico es muy sacrificado. Los que están en zona roja cumplen con un riguroso protocolo de protección. Tienen que cambiarse los trajes, máscaras y nasobucos frecuentemente; y responder con rapidez en la atención a los pacientes para evitar el riesgo de complicaciones y la muerte. Me asistieron profesionales con mucha ética, con una sensibilidad extraordinaria y muy positivos. Esa calidad humana me ayudó a no perder las esperanzas”.

De regreso al hogar, fue bienvenida por el aplauso de los vecinos y la protección de su familia, principal apoyo en los siguientes 14 días de aislamiento domiciliario.

“Cuánta nostalgia de mi niño. Recuerdo que cada amanecer se asomaba por la ventana de mi cuarto y preguntaba: -Mamá, ¿cuánto falta? – Contábamos los días en espera de los besos y abrazos tan anhelados. Definitivamente la COVID-19 me cambió. Ves la vida de otra forma y nada material interesa, lo verdaderamente importante es estar cerca de las personas amadas”.

La labor de los médicos se reconoce a nivel mundial con diversas manifestaciones, por ejemplo, a través de la música. En nuestro país la canción “Valientes” del grupo Buena Fe nos conmueve a todos. ¿Hay alguna frase de ella que te defina?

“La frase: Vine a darle un beso al mundo y nada más. Esa es muy linda. Los médicos cubanos realmente trabajamos sin ningún interés. Para mí ver un paciente recuperarse es lo más lindo”.

Estetoscopio en mano y fiel a su principal credo: Amar y ayudar al prójimo, esta valiente sobrevivió y seguirá besando al mundo.

Acerca Saili Domínguez Cruz

3 Comentarios

  1. Estoy orgullosa de mi hija, gracias a dios todo salió bien. es un buen regalo para su cumpleaños mañana 12 de septiembre

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