
El conjunto fue conocido como “la mejor cuerda de metales de la isla” en su época, sostienen sus integrantes.
A salón lleno, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas en Matanzas, fundadores y colaboradores del Conjunto musical yumurino Yaguarimú retaron la memoria, los vacíos de información de la era analógica y el hecho de ser noticia en la periferia del centro cultural del país.
Convocados, a manera de homenaje de lo que algunos llaman “experimento musical” para la época, y en especial para rememorar la figura de Lázaro Junco, director de la agrupación quien, en vida, encausó el proyecto.
El Conjunto Yaguarimú surgió entre 1975 y el 2000. Su inicio se vincula a las necesidades creativas de los músicos quienes en su mayoría integraban la Orquesta Moderna de la ciudad, y ansiaban un formato más llevadero para sus presentaciones.
Santiago Terry, uno de sus integrantes, apunta que lo sui generis del grupo fue adelantarse a su momento, al fusionar e integrar el jazz a su repertorio.
Para Sergio Pichardo, a cargo de su sección de metales, resultó el comienzo de lo que se llamó la “timba”, pero con un trabajo elegante desde la composición y la interpretación.
Los matanceros desde el Yaguarimú recorrieron el mundo, grabaron tres discos y se presentaron en varios eventos internacionales.
Para sus integrantes, el intercambio con el músico español Joan Manuel Serrat guarda momentos singulares. Cuentan que durante la visita de este a Matanzas, el Conjunto amenizo uno de sus almuerzos. Acompañado por su orquestador, Serrat les pidió una presentación a solas, la que aconteció a teatro cerrado y en exclusiva, en el Sauto.
Muchos de sus integrantes, músicos activos en otros proyectos de la ciudad y profesores en algunos casos, anhelan tener de vuelta el Yaguarimú por la vigencia y frescura de su repertorio, y para revitalizar la música popular, sostienen.
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