Las ciudades, como las personas, no siempre nacen importantes. La significación de San Carlos y San Severino de Matanzas estuvo desde los orígenes ligada a su condición de urbe marinera fundada en 1693, pero desde mucho antes ya se conocían las bondades de su puerto que llegó a posicionarse entre los más importantes de Cuba.
Contar con una amplia bahía con salida directa al canal de Bahamas y la corriente del Golfo, junto a su cercanía a La Habana, fue un poderoso incentivo geoestratégico. La zona prosperó y atrajo gente de toda clase, contrabandistas y piratas incluidos. Primero hubo puestos de vigías para detectar la llegada de enemigos, pero con el tiempo dieron paso al primer cinturón defensivo de la ciudad, una historia que se cuenta en el libro Fortificaciones de Matanzas 1693-1876, presentado recientemente y en formato digital al público especializado.
Los autores Johanset Orihuela, Odlanyer Hernández de Lara, Boris Rodríguez Tápanes y Ricardo Viera Muñoz se las arreglaron para armar un libro muy matancero sin perder por ello un ápice de valor universal, que aporta abundante información sobre la historia de las construcciones militares en la región.
El Castillo de San Severino (actual museo de La Ruta del Esclavo de la Unesco), el torreón de El Morillo, y las baterías de San José de La Vigía, San Felipe de El Morrillo, Peñas Altas y La Laja desfilan en las páginas adecuadamente contextualizados. Un par se mantiene en buen estado, algunos solo existen en ruinas y de otros apenas queda el recuerdo.
La construcción de cada una de las fortificaciones, su a veces accidentada historia, detalles de la vida cotidiana de las guarniciones de soldados, atrayente material gráfico incluidos grabados y fotografías, los vaivenes de la política y la burocracia, la planimetría militar, evidencia arqueológica, apuntes geológicos y mucho más ofrece esta obra al lector interesado y dispuesto a llegar hasta la última página.
Acaso entre el cúmulo de información inédita o menos conocida que aporta el cuarteto de autores sobresalga todo el capítulo referente a la batería de La Laja, un intrigante proyecto inconcluso gestado en el siglo XIX para erigir una fortaleza en el mismo centro de la bahía matancera.
Tras el interés suscitado durante el reciente III Taller Fortificación y Museología por el libro editado por el sello argentino Aspha, sus autores aguardan con impaciencia la hora de que la obra impresa pueda estar al alcance del público matancero, como incentivo para cuidar una parte importante de su patrimonio edificado.
Para el final me reservo una provocación. Cito las palabras de la prestigiosa investigadora cubana Alicia García Santana que aparecen en su icónico libro Matanzas, la Atenas de Cuba:
“Erigido a fines del siglo XVII para la defensa del canal de Bahamas, la capital del país y la custodia de las haciendas del dilatado territorio de su jurisdicción, el castillo de San Severino merece ser incluido dentro de las fortificaciones del sistema defensivo de La Habana, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco”.
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