El danzón es considerado el baile nacional cubano y Patrimonio Cultural de la Nación. Sin embargo, muchos jóvenes lo ven alejado de sus intereses musicales. Otros se han dado a la tarea de revitalizarlo y hacerlo más visible en los espacios públicos y recreativos del país.
Los inicios del danzón se remontan al siglo XIX cuando el matancero Miguel Faílde estrenó “Las Alturas de Simpson” en el Liceo de Matanzas el 1ro de enero de 1879. Inicialmente lo interpretaban orquestas típicas compuestas por violines, contrabajo, trombón, cornetín, clarinete, trompeta y güiro, con el que se marca el ritmo. Cuando este baile cobró auge surgieron las charangas o danzoneras, en las que no faltó el piano, flauta, violín, pailas, contrabajo y güiro.
Con el paso de los años, el danzón se convirtió en un género de gran aceptación popular pues llegó a todos los niveles y estratos sociales. Sin embargo, en ese desarrollo musical hay un segmento que claramente se ha quedado rezagado de su estilo y práctica: los jóvenes. La mayoría piensa que se trata de un género menor, cosa de los abuelos y nada que ver con la juventud. Otros ni siquiera conocen que se trata de nuestro baile nacional.
En el intento de acercar el danzón a un público joven e interesarlo en maneras más contemporáneas de interpretarlo y bailarlo pero sin perder su esencia, se unieron en 2012 un grupo de jóvenes músicos de la provincia de Matanzas. Así surgió la Orquesta Miguel Failde, liderada por Ethiel Failde, tataranieto del creador de Las Alturas de Simpson.
Esta novel agrupación poco ha ido ganando espacio en el panorama musical cubano, no solo por su frescura sino por el trabajo musical y escénico en cada presentación. Buscan acercar el género a los más jóvenes y para eso pretenden ser contemporáneos desde la elegancia; con un lenguaje actual, empleando colores y tendencias de moda y le imprimen fuerza a los movimientos, la música, las luces, todo como parte de un espectáculo para disfrutar por diferentes públicos.
La fuerza y el empuje de la Orquesta Miguel Failde propició que en el 2013 surgiera en Las Tunas la Orquesta Danzonera. Sus integrantes, también jóvenes músicos, defienden al baile nacional cubano desde su propia mirada de manera que las nuevas generaciones se sientan interesadas en oír y en bailar este género más allá de las nuevas tendencias musicales.
Definitivamente el danzón cobra vida. Y lo hace con el empuje y la fuerza de jóvenes músicos que pretenden rejuvenecer un género considerado durante mucho tiempo encanecido, con arrugas y bastón. Ahora no solo se trata de un baile de salón. Se puede disfrutar en una plaza, teatro, en la radio o la televisión. Apropiarse de los nuevos códigos visuales y estéticos también dota al danzón con nuevas alas.
Defender un género creado hace más de un siglo por Miguel Failde, y darle aires de modernidad, pero asegurándose de no perder su esencia no resulta tarea fácil para quienes hoy defienden al danzón desde la tarima. Ciertamente el reto es inmenso pero hay que perseverar, hurgar en nuestras raíces culturales y convertir a nuestro baile nacional en un ritmo de y para los jóvenes.
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