Martes , 3 diciembre 2019
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La espesura de Teatro El bosque

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En los inicios, los integrantes de Teatro El bosque representaban sus obras en los portales, pero desde aquel lejano ayer ya han transcurrido 19 años. Hoy cuentan con una sede en la casa de cultura de Cayo Ramona. Varias generaciones de niños cenagueros han incursionado en el arte gracias a ese interesante proyecto.

 

Más que un grupo de teatro infantil, para su gestor y director José Raúl Rodríguez Valdés, Teatro El Bosque es un proyecto sociocultural, que tiene como objetivo primordial cuidar los dos tesoros más valiosos de la Ciénaga de Zapata: los niños y la naturaleza. A través de él realizan educación ambiental, limpian las playas del litoral sur, y aprender a respetar y vivir en armonía con el entorno.

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Siempre se valen del arte como herramienta para incentivar en los infantes el deseo de proteger el medio ambiente.

 

Medio centenar de niños integran la agrupación, en su mayoría, oriundos de Cayo Ramona.
“Cuando comenzamos este sueño los adultos trabajábamos para los pequeños, llegábamos a las comunidades, planteábamos nuestro mensaje y al levantar el campamento todo regresaba a la rutina de siempre, nos dimos cuenta que lo más importante era que los propios niños transmitieran ese mensaje”, explica José Raúl.

 

“Cayo Ramona era en ese entonces, hablamos de 20 años atrás, el polo educativo más importante de la ciénaga, por la cantidad de centros estudiantiles que aglutinaba, y porque contaba con un internado donde permanecían niños de otras comunidades.

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Aunque las cosas han cambiado un tanto, y Cayo Ramona ya no es aquel hervidero de estudiantes de antaño, el amor por las artes escénicas de teatro El Bosque no varió, al contrario, tal dedicación a lo largo de estos años le valieron diversos reconocimientos, como el Premio Nacional Olga Alonso, entre otros.

 

Sobre el quehacer artístico de la agrupación, el director agrega que asumen como estética el teatro de calle, “partiendo de las características de nuestro entorno geográfico; si bien contamos con una sede y moderno equipamiento gracias a donaciones, preferimos montar nuestras obras en exteriores, por tal motivo se convirtieron en asiduos de cada edición de la Jornada de Teatro Callejero de Matanzas”.

 

El arte debe marchar en estrecho vínculo la realidad, beber de las vicisitudes de comunidad y reproducir sus sueños y desvelos, y es esa precisamente la premisa de la agrupación.

 

José Raúl cita por ejemplo la obra Historia de Biajaiba, un pueblo hipotético, pero que bien pudiera ser Guasasa, Santo Tomás o Cocodrilo, donde la trama narra las peripecias de un poblado que se le prohíbe la recolección de huevos de tortugas, una práctica habitual hasta ese momento.

 

El argumento de la obra recoge una problemática actual en las comunidades de la región, sin dejar de inculcar valores en los niños, y alimentándoles el espíritu.

 

Para José Raúl, 20 años sí es bastante tiempo. Muchos ha llovido en la ciénaga desde su llegada con el equipo de producción de la novela Cuando el agua regrese a la tierra.

 

Fundador del Korimakao, echó raíces “en el medio del bosque”, en el poblado La Ceiba. Reconoce que ya se puede hablar de una tradición teatral en la región, sin duda alguna, gracias a su empeño, cientos de niños han sido favorecidos al redescubrir la esencia de las palabras, y redescubrir su universo inmediato a través de la magia de las artes escénicas.

 

Acerca de Arnaldo Mirabal Hernández

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Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

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