Amo la buena música, desde los más clásicos como Lecuona (mi preferido) hasta lo más contemporáneo como Los Van Van, pero aunque en estos últimos días no los he escuchado tuve la oportunidad de deleitarme con la orquesta que para orgullo mío, es de Matanzas, la Miguel Faílde.
En una de las esquinas más transitadas de la Capital cubana, Prado y Neptuno, ocurrió el concierto. Ahí se ubican grandes instituciones como el hotel Inglatrerra, el Gran Teatro de La Habana, el Capitolio y el Parque Central las que brindaron una especie de energía que engrandeció el talento de esos jóvenes exponentes de los ritmos clásicos cubanos, brindando al pueblo la oportunidad de recrearse con un danzón, aun cuando sabemos lo raro que resulta hoy este género.
El Concierto resultó de lujo con invitados del mismo calibre, como César López, Maraca, Enrique Alvarez, Alejandro Falcón, Leo Vera, quienes nos muestran la verdadera calidad técnica conque cuenta la agrupación para los que no sabemos de música. Estuvo además, Julián González Toledo, Ministro de Cultura.
Escuchamos el danzón Almendra, el Mambo número 5, Cemento ladrillo y arena, pero lo que más aprecio es la juventud del conjunto de músicos, y que a diferencia de sus homólogos de géneros banales, defienden la más genuina música cubana.
Más que un relevo generacional de esta manifestación, constituyen un orgullo para la ciudad de Matanzas que un día hizo llamarse La Atenas de Cuba, y ante todo, un digno homenaje a ella, a Cuba, a Faílde, y a la buena música. (Por Alejandro de Baró, estudiante de la Escuela Profesional de Arte de Matanzas)
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