Miércoles , 27 noviembre 2019
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Una ovación para Cecilia

cecilia

Cecilia Sodis Carrillo.

El mes de diciembre de 2016, intenta acumular toda la tristeza posible, y casi que lo logra. Desde el día primero del último mes del año, el Teatro Sauto, de Matanzas, ha perdido a Cecilia Sodis Carrillo, su directora desde hace más de dos décadas. Cecilia, mujer con nombre de canción y de zarzuela, entregada en cuerpo y alma a la actividad sociocultural de un coliseo que ya reconoce en su historia, los pasos y el pensamiento de esta guerrera nata, que soñaba mediante acciones la recuperación constructiva del centenario teatro de la Plaza de la Vigía.
Cuantas anécdotas, recuerdos, testimonios y energía se van con Cecilia. Todo el que la conoció de cerca y hasta de lejos, sabía de su entereza como persona, como trabajadora, como cubana, pero sobre todo conocía de su inmensa pasión por el Teatro Sauto. No va a ser fácil ocupar ese espacio. Todo su espíritu ha de andar por los pasillos que otrora recorrieran Anna Pavlova, Sarah Bernhardt, Enrico Caruso, Rita Montaner o Bola de Nieve. En su escenario, desde donde se dirigió alguna vez al público con discreta comunicación, también se le podrá recordar, aunque lo de Cecilia era ver a Sauto funcionar, que estuviera activo, lleno de gente y de buen arte, que estuviera bonito, limpio y sobre todo se mantuviera fiel su arquitectura original. Lo que más duele de su pronta e inesperada partida es que no va a ver terminada su principal inspiración, el principal motivo que, además de su familia, la hacía vivir.
La visité recién en su oficina llena de materiales, papeles, órdenes y objetos de arte; fui a hablarle sobre mi idea para el espectáculo de inauguración, aún sin fecha posible. Ya estaba enferma, pero su sonrisa, entre apagada y optimista se me clavó en el corazón. Dicen que Cecilia quiere decir pequeña ciega, patrona de la música, fuerza, voluntad, valor, alguien comunicativo, sociable, dinámico, intuitiva y responsable. Parece que es verdad, porque esas cualidades y otras tantas adornaban a una mujer grande físicamente e inmensa como luchadora por la cultura cubana.
La vamos a extrañar por mucho tiempo. Cuando el Sauto abra nuevamente sus puertas, una brisa de Cecilia bañará nuestros rostros, las luces se encenderán y los ojos de Cecilia nos estarán mirando complacidos, aplaudiremos felices, y en el sonido de aceptación aprehendido por los humanos durante siglos, habrá un sonido especial para Cecilia, un aplauso de evocación y de vida, una ovación cerrada de respeto, admiración y amor. (Por 
Rubén Darío Salazar)

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