Norge Céspedes
Manzanillo, importante ciudad del oriente cubano, fue el motivo de inspiración de “Glorieta sin agua”, poema del escritor Israel Domínguez que acaba de presentar Ediciones Vigía en un pergamino manufacturado, con la exquisita realización propia de esta casa editora de Matanzas. Ganadora el pasado año del Premio de Poesía América Bobia, esta obra asume a Manzanillo —el Manzanillo físico, el Manzanillo espiritual— como punto de partida para llevar a cabo una profunda indagación del ser humano. Menciona la glorieta de estilo morisco y otras referencias emblemáticas de ese lugar: una canción que le dedicara Beny Moré, el mar, los barcos, comidas tradicionales, alguno de sus personajes típicos. Menciona todos esos localismos pero enseguida va más allá. Hacia otras cortezas, hacia otros sustratos más universales. La glorieta, como la presenta el autor en una acertada metáfora, se transforma en estación desde la cual se viaja hacia todo el pasado y el presente del ser humano, hacia su fe y sus desesperanzas. Esta glorieta-estación tiene cierto parecido con aquel punto confluente que aparecía en una de las narraciones del escritor argentino Jorge Luis Borges. Aquel “Aleph” aparecido en una habitación cualquiera, con la capacidad de establecer contacto simultáneo con múltiples realidades, con múltiples espacios y múltiples tiempos. Glorieta-estación. Glorieta-Aleph. Y también, por qué no, glorieta-bote, como la ha concebido Rolando Estévez en el diseño de este pergamino. Glorieta que sale a navegar, a surcar todos los mares. Con su país, con su realidad a cuestas. Con las palabras derramándose en cataratas, tratando de rellenar o al menos explicar todo cuanto rodea al hombre. “Glorieta sin agua”, de Israel Domínguez, poeta nacido en 1973 en Placetas, Villa Clara, y hace más de una década residente en Matanzas, ciudad desde la cual ha publicado varios libros y ha ganado importantes premios.
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