En las intervenciones de dirigentes, funcionarios y activistas políticos y sindicales, suele repetirse el término de eficiencia económica, vinculado a una exigencia que convoca a quienes se desempeñan en alguna actividad productiva o de servicios. ¿Hasta qué punto se comprende la significación y los sucesos que condicionan tan necesario objetivo?
La eficiencia hay que observarla en términos de productividad. Es necesario relacionarla con los factores presentes en la producción y los servicios, a saber: fuerza laboral, materias primas, tecnología y el tiempo empleado en cada actividad laboral.
Por consiguiente, eficiencia será obtener más con igual o menor cantidad de materias primas, tiempo, trabajo y costos.
La resultante de esa relación se controla a través de la contabilidad y se expresa en indicadores económicos de costos, ganancias o pérdidas.
Pero existe un factor común que no puede obviarse: la calidad de lo que se produce o el servicio que se presta no puede mermar a costa de mayor producción.
Cada rama posee sus propias peculiaridades.
En la zafra azucarera, la eficiencia económica se condiciona no solo a la mayor producción del dulce, sino también a los indicadores de calidad y de Eficacia agroindustrial.
La Eficacia depende mucho de ajustarse a las normas técnicas, del proceso y del consumo, de manera que la cantidad de azúcar a obtener debe ceñirse a la cantidad prevista de caña a moler, al insumo energético y a otros factores tecnológicos previamente establecidos.
Donde funciona la eficacia, debe existir eficiencia económica.
Es obvio: Más allá de la retórica es menester que los colectivos de trabajadores se adentren en el conocimiento preciso de los términos que definen el resultado de su labor y en las maneras prácticas más adecuadas para obtener los resultados de real crecimiento y desarrollo progresivo de la economía.
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