Tras dos meses de silencio las escuelas de la provincia reabrieron sus puertas a un nuevo curso escolar, colmándose de risas, algarabía y deseos de aprender.
Cada inicio de curso es una fiesta. Desde horas tempranas los pequeños van de las manos de sus padres, estrenando sus mochilas y uniformes; otros se reencontrarán con amigos y maestros, y entre risas y bromas rememorarán sus hazañas veraniegas.
Este día estará signado por las lágrimas de la abuela, que desde días cosió el uniforme, o por el pequeño que aún no se adapta a las caras nuevas y echa a llorar; luego, al paso del tiempo convertirá esos rostros en los amigos de la infancia que nunca olvidará. Así es septiembre en Cuba, donde la ciudad se transforma, se llena de colores, pañoletas, alegría…








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