Lunes , 22 octubre 2018
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Golpes que opacan el amor

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Al ver caer sus lágrimas, me preguntaba cómo Ana, una mujer hermosa y profesional reconocida, soportó durante tanto tiempo que su esposo la golpeara, al punto de mandarla al hospital.

Sus ojos morados por lo puñetazos, denotaban, entre lágrimas, el profundo miedo que cada golpe sembró en su corazón.

Luego de cinco años de un apasionado noviazgo, contrajo matrimonio con Daniel hace veinte años. Los primeros meses fueron maravillosos; pero después, el brillo del amor se opacó.

Las palabras tiernas se sustituyeron por otras hirientes, y pasaron de los gritos a los golpes, actores principales de la película de terror diaria en la que se convirtió la vida a Ana.

Ella con el paso del tiempo se volvió una persona seca, resentida con el mundo y consigo misma, perdió la alegría y las ganas de lucir su belleza. Sus curvas fueron motivo de repetidas golpizas, pues si vestía apretado su compañero la acusaba de provocadora y mujer fácil.

Las desdichas hogareñas se revertían en grandes ganas de hacer, incluso trabajaba horas extras y le hacía las guardias sindicales a las compañeras para postergar su regreso a casa.

Nunca comentó nada al respecto y nadie dudó de que aquellos golpes no fueran solo producto de alguna torpeza, visto que Daniel era en público un hombre de esos de los que suele decirse: Cuídalo que de los buenos quedan pocos.

Por más que trató de revertir la situación siendo sumisa al máximo y trató de no dar razones para las peleas, la convivencia se tornó un infierno.

Se acostumbró al dolor de recibir una cachetada, un grito, un empujón o un escándalo en plena calle sin razones justificadas.  Como un barco sin rumbo en la turbulencia de peleas y lágrimas, se hundió ella junto con el gran amor que un día se profesaron.

Hoy cuenta con desesperación su historia que es también la de muchas mujeres, que como ella decidieron callar y hablar cuando ya era demasiado tarde. Ahora sus hijos verán día tras día las marcas que en la piel y el corazón dejó el maltrato físico y mental en su madre.

Acerca de Liannys Díaz Fundora

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