domingo , 27 septiembre 2020
Mi madre y yo.

La maga que me dio la vida

Mi madre y yo.

Mi celular registra una llamada de un número desconocido. Una voz afligida me saluda del otro lado de la línea telefónica. Me suena familiar, pero por algunos segundos no me percato de quién es.

Una voz nasal (asumo por el uso del protector buconasal) que arrastra cierta tristeza oculta, (claramente explícita para mí), pregunta cómo está su niña. – ¡Es mami! -digo mientras dejo a alguien con la palabra en la boca para atender la llamada.

Esa es una muestra de la magia de mi madre: Recorre varios kilómetros hasta una pública de minutos para conversar conmigo, sin contabilizar tan restringidamente el tiempo.

Luego de saludarnos comienza una ráfaga de preguntas a la que no me da tiempo responder:

          ¿Cómo están por allá mi’ja?

          ¿Tienen comida?

          ¿Cómo te va en el trabajo?

          ¿Y Luis (mi novio), qué cuenta?

          ¿Usan siempre el nasobuco?

          ¿Cada qué tiempo te estás lavando las manos?

Le siguen algunas sugerencias:

-No duerman con las ventanas abiertas que por la madrugada hace frialdad.

-Abrígate por las mañanas que hay neblina.

-Lávate bien las manos, mi niña.

-Toma bastante agua que después te duelen los riñones.

-Cuídate cuando vayas a los centros de aislamiento o a los hospitales.

-Quítate la ropa y los zapatos antes de entrar a la casa. -Que escándalo, yo desnuda en el pasillo, pienso mientras sonrío.

Cuando por fin logro tomar la palabra, contesto alguna de las interrogantes y a la par trato de tranquilizarla. Mis compañeros en la redacción ríen en silencio bajo las nasobucos, al escuchar mis respuestas.

Resulta difícil calmar a alguien que está a más de 100 kilómetros y a través de una llamada telefónica cuando se sienten los mismos miedos y preocupaciones. Me esfuerzo por devolverle al menos por unos minutos el sosiego.

En otra de sus maniobras estratégicas siempre efectivas y otros poco de su magia, mami consiguió mandar unas “cositas” para sus niños de la ciudad, aun cuando está suspendido el transporte intermunicipal.

Con detalles explicó quién traería su envío. Mientras, yo imaginaba su sonrisa cuando pidió ese favor y ¿quién podría negarle algo a esos ojos verdes?

Increíble; pero desde San José de los Ramos en Colón, llega hasta la Atenas de Cuba el paquete con un abastecimiento muy bienvenido.

Luego de compartir unos minutos de una conversación que quisiera fuera eterna, mami se despide no sin antes enviarle muchos besos a mi novio y a mis compañeros de trabajo, con quienes ha entablado alianzas estratégicas, pues en algún momento han colaborado con ella para darme algún recado y a los que les guarda un cariño especial.

Vuelve la voz afligida del otro lado de la línea telefónica. Esta vez entristece también la mía. Casi dos meses sin vernos a veces llega a ser insoportable.

Por unos minutos fue como si conversáramos frente a frente a pesar de la distancia que nos separa. Ese resulta también otro de los trucos de la maga que me dio la vida.

COVID-19 en Matanzas

Acerca Liannys Díaz Fundora

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One comment

  1. tan bella!

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