Jueves , 15 noviembre 2018
Es Noticia

Locuras que no valen la pena curar

images Dios no le dio la dicha de ser madre y no es más que un estorbo para sus familiares así que vive sola. Sin más compañía que el maullar de un gato flaco pidiendo comida. Cuando llega la hora de dormir cierra con seguro la puerta, pues aunque no lo admita, le teme a la soledad.

Una noche sintió que tocaron a su puerta. Fue abrir y la vio parada en el umbral, antes de que le pidiera permiso para entrar ya estaba instalada sin dar ninguna explicación. Le pareció extraña aquella visita sin aviso previo y tan tarde. Pensó sería cosa de un día o dos, como están los tiempos no será tan desconsiderada de quedarse más tiempo, pensó.

No le dio más vueltas y decidió ser amable a fin de cuentas pronto aquella extraña se marcharía y todo volvería a la normalidad, mas pasaban los días y con ellos las ganas de que la intrusa visitante se marchara.

Fue notando que cada vez reía con más frecuencia sin ninguna razón, aquella que ya se había convertido en una amiga tenía cada ocurrencia que no era para menos: la incitaba a querer vagar sin rumbo por la calle, a no dejar que su sobrina, que venía a verla de vez en cuando, le cortara el pelo o las uñas y a querer dormir en los parques.

Las conversaciones con ella la hacían perder la noción del tiempo y del espacio. Ya ni del pobre gato se acordaba.  Aquella compañía se le volvió tan familiar y cotidiana que llegaba a extrañarla en los momentos de lucidez. Se acostumbró a tener a alguien con quien hablar, a quien hacerle comentarios que nadie escuchaba y sobre todo, a no sentirse sola.

Como eran tan íntimas, un día le pregunto a su compañera por qué las personas cuando salía a caminar, dormía en la arena o en un banco del parque para no perderse la salida del sol, andaba descalza para sentir la humedad de la tierra o cuando pedía un peso “prestado” para tomar un café, le decían que estaba loca y debía ir al Psiquiatra -¿Tú no me mentirías, verdad? ¿También crees que tengo que ir al loquero ese?

-Hay locuras que son como brazos de mar, te sorprenden y te arrastran, te pierden y ya, hay locuras tan vivas, tan sanas, tan puras, sin nombre, sin fecha sin cura, que no vale la pena curar…

Acerca de Liannys Díaz Fundora

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