Martes , 13 noviembre 2018
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Un viaje con los mecánicos

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La terminal estaba llena y el cielo anunciaba lluvia. El viernes es un mal día para embarcarse: los universitarios regresamos a nuestras casas, a los reclutas les dan pase y algunos van a visitar a sus familiares. Lo cierto es que este viernes precisamente la terminal de Matanzas tenía, como dicen ahora, nivel Dios.

El encuentro con algunos de mis amigos  mecánicos, alegró mi espera. -“Lola tú cuidas los bultos y nosotros corremos a coger los asientos si viene algún carro”. –“Uff tenemos la estrategia perfecta”, dije, y reímos todos, mientras apilábamos mochilas y maletines en la acera.

Rasco, helado y chicharrones de viento nos entretuvieron por un rato. Los cuentos disparatados del Mena acerca de las máquinas que le corren por teléfono hicieron que  a todos  nos dolieran los cachetes. Como había tiempo para todo, hasta nos hicimos fotos porque el cubano se ríe de sus propias desgracias.

Le quitaron las chapas y la circulación a muchas de las máquinas y camiones que botean para Colón, se escuchó decir. -“Ah entonces esto es para largo”. -“Chicos laptops afuera y a jugar Call of Duty”. -“Oye vámonos en el tren de las seis”. -“Dale que nos quedamos en la escuela hoy y mañana vemos el partido del Madrid y el Liverpul con un rifle”. Aquellas ocurrencias me alegraron el día y todos coreamos ¡Hala Madrid!.

Ese camión tiene cara de culpable sin culpa, así que al grito de ¡Arriba Colón!, mis compañeros protagonizaron la segunda carga al machete para abordar el vehículo. Super “Mario” logró subir y guardar cuatro asientos; pero éramos siete. Nos acomodamos como pudimos y emprendimos viaje a nuestro “Macondo” querido.

Los viajes largos suelen dar mucho sueño así que dormidos sorprendió a muchos las gotas de agua que se filtraban a través de la lona que servía de techo a nuestro medio de transporte. ¡Vieron chicos por el “módico” precio de 50 pesos tenemos transporte y fiesta del agua, y después ustedes se quejan, si somos unos suertudos!, dijo Leo mientras se quitaba el pulover para exprimirlo.

Muy pronto aquel vehículo comenzó  a mojarse más adentro que afuera y como pollos mojados comenzamos a abrir cuantas sombrillas aparecieron.-“Adiós queratina con lo cara que me costó”. -“Esto es catarro seguro”. -“Oye díganme por donde vamos que me quedo en Tinguaro”. Exclamaban los otros pasajeros.

Uno de ellos traía una botella de Rivas Regal, de la que brindaba a cada rato a quienes estaban sentados a su alrededor. -“Yo soy un cubano solidario, fíjate que a esa mujer que venía al lado mío le pagué el pasaje de la Habana hasta Matanzas y ahora para acá también y dice ella que es mi mujer, que atrevida, eso es porque le pagué el pasaje estaré en tragos pero no soy bobo”.

Aquel viajito fue histórico. Finalmente llegamos a Colón y desembarcamos literalmente, pues las calles estaban inundadas. Nos despedimos todos con una gran sonrisa, convencidos que los viernes por las tardes son malos días para viajar pero junto a los amigos aunque sea en circunstancias difíciles siempre se pasa bien.

Gracias a mis amigos los mecánicos y a los inspectores que quitaron chapas y circulaciones, nos vemos en la próxima aventura, no que va el próximo viernes en la terminal con destino Colón City.

Acerca de Liannys Díaz Fundora

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