
Y aguardabas por ese momento desde hacía mucho, querías ver un atardecer en las salinas de Brito. El reflejo de un sol rojizo en las amplias y tranquilas aguas de las salinas prometía ser uno de los más bellos espectáculos que la naturaleza regala.

Justo al caer la tarde la tranquilidad reina, y tu mirada busca el horizonte, por donde le sol debe esconderse de un momento a otro.

Aún quedan decenas de aves que no han saciado su apetito y siguen hurgando en la arena fangosa de la laguna.

Por momentos pasan decenas de ellas en pura algarabía, como si anunciaran con sus graznidos algún tipo de toque de queda, después de ese último sonido el silencio será total.

Aunque siempre quedarán las rezagadas como si supieran que pueden regalar una imagen hermosa entre el agua y la espesura del mangle negro.

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